La poca fe que existía alrededor de Joel Huiqui se transformó en CU. Llegó de ‘bomberazo’, pero terminó por darle a Cruz Azul la décima estrella. El técnico tomó un plantel golpeado y lo llevó a la gloria cuando casi nadie confiaba.

Desde fuerzas básicas, Huiqui siempre defendió el escudo celeste. Como jugador perdió cinco finales y durante años fue recordado por aquella ‘muertinha’. Ahora es el entrenador que devolvió a ‘La Máquina’ a lo más alto.

El contexto tampoco ayudaba. Cruz Azul acumulaba nueve partidos sin ganar en el Clausura 2026. El equipo empataba demasiado, mostraba poco futbol y la salida de Nicolás Larcamón dejó más dudas que certezas. Huiqui apareció para tomar el control y jamás perdió la calma dentro del caos.

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Su sello ofensivo apareció desde el primer partido. Nunca traicionó la idea de juego y convenció rápido al vestidor. Desde aquella primera charla con los futbolistas existió conexión. El grupo respondió.

Los números respaldan su trabajo. Joel suma siete partidos con saldo de cinco victorias y dos empates. Aprendió de Martín Anselmi, Vicente Sánchez y Larcamón. Absorbió ideas, forjó carácter y mostró personalidad.

Fue una visita a una panadería de la Ciudad de México la que cambió su destino. Ahí, una charla con Antonio Reynoso, vicepresidente de Cruz Azul, abrió la puerta que terminaría con la décima.

Dentro del vestuario también dejó frases marcadas en la memoria celeste. “Que lo que hagamos hoy tenga eco en la eternidad”, soltó Huiqui antes en las semifinales.

Ahora la afición y la directiva lo respaldan.

Huiqui no escondió su deseo: “El presidente lo mencionó, que le gustaría que me quedara y me encantaría. Sólo hay que hacerlo oficial. Mi sueño está cumplido. He tenido grandes momentos como jugador y técnico” y quiere más: “Vamos por la undécima”.

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