Hay fechas que quedan grabadas a fuego en el libro de oro del fútbol mundial, y el 23 de marzo de 2014 es, sin duda, una de ellas. Aquella noche de domingo, el Santiago Bernabéu no solo fue testigo de uno de los mejores Clásicos de la historia, sino del momento exacto en que Lionel Messi alcanzó el olimpo de los goleadores frente al eterno rival: el Real Madrid.
A 12 años de aquella gesta, recordamos cómo "La Pulga" no solo le dio la victoria al FC Barcelona, sino que destrozó récords que parecían inalcanzables.
El contexto era de máxima tensión. El Real Madrid de Carlo Ancelotti llegaba como favorito, pero el Barça del "Tata" Martino necesitaba ganar para no despedirse de LaLiga. El partido fue un intercambio de golpes brutal: goles de Iniesta, doblete de Benzema y una expulsión de Sergio Ramos que cambió el guion.
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Sin embargo, el protagonista absoluto fue el "10" blaugrana. Con una frialdad absoluta, Messi firmó un Hat-Trick histórico (dos de ellos de penal) para sellar un 3-4 definitivo que silenció a la grada blanca y puso el campeonato al rojo vivo.
Más allá de los tres puntos, esa noche Messi logró algo que dolió profundamente en el madridismo: superar a una de sus más grandes leyendas.
La imagen de Messi besando el escudo del Barcelona tras el tercer gol dio la vuelta al mundo. Aquella exhibición reafirmó por qué el argentino es considerado por muchos el mejor de todos los tiempos. No fue solo un partido; fue la consolidación de un dominio que duraría más de una década en el fútbol español.
Hoy, a más de una década de distancia, los aficionados aún buscan en YouTube los compactos de ese juego. Es el recordatorio de que, en el Santiago Bernabéu, hubo un "invitado" que se adueñó de las llaves de la casa blanca más veces de las que el Madrid quisiera admitir.