La crisis política y militar en Irán ya impacta de lleno al mundo del deporte. La participación de la selección de Irán en el Mundial 2026 pende de un hilo luego de que autoridades iraníes anunciaran que el país no acudirá al torneo tras la muerte de su líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí.
El ministro de Deportes de Irán, Ahmad Donyamali, declaró que “no existen condiciones para participar en el Mundial de futbol 2026” luego del ataque militar conjunto de Estados Unidos e Israel ocurrido el pasado 28 de febrero. La ofensiva dejó miles de víctimas y provocó la muerte del líder político y religioso del país.
El torneo, organizado por la FIFA, está programado para celebrarse del 11 de junio al 19 de julio de 2026 en Estados Unidos, México y Canadá. La selección iraní de futbol ya se encontraba clasificada y ubicada en el Grupo G, pero la escalada del conflicto en Medio Oriente y el clima político tras el asesinato del líder iraní han llevado al gobierno a considerar inviable que el equipo viaje a competir.
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La posible ausencia de Irán en la Copa del Mundo 2026 ya genera tensión en el ámbito deportivo internacional. Incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó recientemente que el equipo iraní sería bienvenido en el torneo pese al contexto político.
Por su parte, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha buscado mantener abierta la posibilidad de participación, aunque la situación continúa siendo incierta.
Mientras la selección masculina de Irán enfrenta un posible boicot mundialista, la realidad del futbol femenino iraní refleja otro drama político. Durante una reciente competencia internacional en Australia, varias integrantes de la selección femenina de Irán solicitaron asilo político, en un hecho que sacudió al deporte del país.
Las futbolistas aprovecharon el torneo para pedir protección, argumentando temor a represalias y restricciones a sus derechos si regresaban a Irán. El caso volvió a colocar en el centro del debate la situación de las mujeres en el deporte iraní, donde durante décadas las atletas han enfrentado limitaciones para competir, viajar o incluso asistir a estadios.
Este contraste refleja el momento crítico que vive el deporte iraní: por un lado, un gobierno que plantea retirarse del mayor escaparate del futbol mundial en medio de una crisis geopolítica; por otro, deportistas que buscan escapar de las condiciones políticas de su propio país.
Así, a pocos meses del inicio del Mundial 2026, el futbol internacional se ha convertido en un espejo del conflicto que hoy sacude a Irán.