México ha sido escenario de algunos de los capítulos más memorables en la historia de la Copa del Mundo. Este año, volverá a ser protagonista, con tres sedes y un total de 13 partidos asignados.
Sin embargo, para Bora Milutinovic, histórico entrenador que dirigió en cinco mundiales, esta cifra es insuficiente.
En entrevista con este diario, el técnico serbio aseguró que —por historia y tradición— México merecía más encuentros y un mayor número de ciudades anfitrionas.
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“Es increíble que México sea el único país con tres Copas del Mundo. Los pasados fueron maravillosos y llamaron la atención. Es bonito organizar, pero merecía más partidos; solo tres ciudades no me parecen suficientes para la afición que tiene”, expresó.
Milutinovic, quien comandó al Tricolor en el Mundial de 1986, destacó la importancia del Estadio Azteca y compartió que espera con emoción el momento en que retumbe con el Himno Nacional.
“No hay palabras para mostrar la grandeza del Estadio Azteca. Es un lugar donde se han jugado finales y han estado los mejores del mundo. Será inolvidable escucharlo en el Himno Nacional”, vaticinó.
Destacó a los fans mexicanos, “los aficionados hablan en todos los Mundiales y algo por lo que México es famoso, es la ola, y demuestra la importancia de la afición mexicana”, concluyó.
Bora Milutinovic, el técnico trotamundos que dirigió cinco Copas del Mundo con distintas selecciones, guarda un cariño especial por México, el país que lo enamoró y le dio su mayor logro: Una familia.
Más allá de los retos futbolísticos que lo llevaron a recorrer los cinco continentes, el serbio reconoce que en tierras mexicanas encontró algo único: Un lugar de gente buena.
“De México, me enamoró su historia, con personajes como Pancho Villa, Emiliano Zapata; su música de mariachi, el cine con María Félix y Cantinflas. Hay una gran pasión por la vida, el folclor y —sobre todo— tener una familia de allá”, se sinceró.
Bora añadió que, al hablar de México, no puede olvidar su participación en el Mundial de 1986, un torneo que marcó el inicio de su recorrido como seleccionador y le regaló días de enorme alegría.
Para él, aquella justa no sólo significó dirigir a un país apasionado por el fut, sino también vivir una experiencia que lo unió para siempre con la tierra mexicana y una afición que lo adoptó como uno de los suyos. “El ambiente estaba en todos los lugares, no puedo olvidar varios partidos de esa época. Con ese apoy