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Hay rostros que se quedan grabados en la mente de toda una generación, y el de aquel pequeño de ojos curiosos y llenos de inocencia, es uno de ellos.
En 1989, el estreno de Carrusel no solo cambió la televisión infantil; nos presentó a Cirilo Rivera, el personaje que personificó la inocencia frente al rechazo. Pero, ¿qué pasó con él, luego de que la telenovela finalizó?
Hoy, en pleno 2026, la imagen de Pedro Javier Vivero dista mucho de aquel niño que sufría por los desplantes de María Joaquina. Su transición al anonimato no fue un accidente, sino una elección de vida que hoy rinde frutos en una paz que los foros de grabación nunca le pudieron dar.

A diferencia de otros niños estrella que intentaron aferrarse a la fama sin éxito, Pedro Javier entendió temprano que su ciclo frente a las cámaras de Televisa había terminado, por eso, tras el fenómeno de "Carrusel", el joven actor decidió que su voz no necesitaba un guion.
Se refugió en la academia, graduándose en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Esta decisión fue su primer paso para poner punto final al personaje y rescatar al hombre. Hoy, su vida transcurre entre proyectos de comunicación social y una profunda pasión por la creación visual.

¿A qué se dedica "Cirilo" en este 2026?
A sus poco más de 40 años, Pedro Javier Vivero ha sabido equilibrar la nostalgia con su realidad profesional. Actualmente, se desempeña en áreas vinculadas a la infraestructura y la gestión cultural, un giro radical que lo mantiene lejos de los chismes de pasillo y cerca de la operatividad del mundo real.
Aunque no lo vemos en las telenovelas estelares, Pedro nunca abandonó el arte. Es un entusiasta de la fotografía y ha participado en montajes teatrales independientes donde el nombre "Cirilo" no figura en el programa de mano.

Pese a los años, mantiene una relación de respeto y cariño con sus excompañeros de clase. Los recientes reencuentros del elenco han servido para confirmar que el lazo que los unió en la "Escuela Mundial" es real, aunque hoy compartan anécdotas de adultos.
La cicatriz de la fama infantil
Vivir bajo el estigma de ser "el niño que lloraba por amor" no fue sencillo. Pedro Javier ha mencionado en diversas charlas que el encasillamiento fue un muro difícil de derribar. Sin embargo, su madurez actual refleja a un hombre que ha perdonado a la industria y que atesora los recuerdos de Carrusel, como un sueño que ocurrió en otra vida.
Hoy, Pedro ya no lleva flores para la niña rica (interpretada por Ludwika Paleta), pero conserva la misma mirada honesta que, hace casi cuatro décadas, nos enseñó a todos el verdadero significado de la nobleza.








