Mientras el mundo se deja arrastrar por la fiebre del k-pop y las fórmulas globales del pop, en México surge una propuesta que rompe el. Azalea Báalam, compositora y cantante mexicana de 33 años, ha llamado la atención por crear música pop en náhuatl y maya, una apuesta que desafía la supremacía del inglés y el español en la industria musical.

Desde la azotea de su casa, en el corazón de la Ciudad de México, la artista combina beats electrónicos con

Entre ellos destaca la flauta de jaina, un instrumento prehispánico que dialoga con ritmos inspirados en el k-pop y coreografías influenciadas por figuras como Michael Jackson y Juan Gabriel, referentes clave en su

Para Báalam, el impacto de su música va más allá de lo estético. Quienes conectan con sus canciones, asegura, sienten orgullo al ver que las lenguas originarias no solo sobreviven, sino que también pueden habitar espacios contemporáneos y juveniles sin perder fuerza ni significado.

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Del aprendizaje personal a la viralidad en TikTok

Aunque su padre es hablante de maya, Azalea reconoce que tuvo que aprender tanto el maya como el náhuatl prácticamente desde cero cuando llegó a la capital a los 15 años. En ese proceso, comenzó con náhuatl básico, una lengua con fuerte presencia histórica en la Ciudad de México, y más tarde profundizó en el maya.

Ese camino personal se transformó en un proyecto musical que hoy conecta con nuevas generaciones. Canciones como “Niyolmatis” o “Añaaa te amo mucho”, viralizada en TikTok, han logrado algo poco común: acercar las lenguas originarias a públicos jóvenes a través del pop.

Nahuapop, mayapop y un mensaje crítico disfrazado de dulzura

Para lograr esa conexión, la artista creó conceptos como el nahuapop y el mayapop, géneros que ella define como una mezcla libre de todo lo que le apasiona: k-pop, danzas clásicas de India y una estética kawaii que contrasta con letras cargadas de crítica social.

Sus canciones abordan temas como el capitalismo, la salud mental y la prevención del suicidio, demostrando que el pop también puede ser una herramienta de reflexión. A largo plazo, Báalam sueña con fundar su propia disquera y llevar su proyecto hasta el límite. Su objetivo es claro: intentar todo antes de rendirse y dejar huella desde la música y la identidad cultural.

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