Más allá de su legendario jab y su carisma eléctrico, el legado más tangible de Muhammad Ali reside en la economía del

En una disciplina donde la cuenta de protección dura diez segundos, Ali enseñó a los púgiles a contar millones. Fallecido en 2016, el "Rey del Boxeo" no solo sacudió el mundo con sus puños, sino que transformó el boxeo de un espectáculo de taquilla local en una industria global de .

Desde su debut en 1960, Ali fue una anomalía financiera: mientras sus rivales cobraban cientos de dólares, él ya facturaba miles. Tras vencer a Sonny Liston en 1964 y adoptar su nombre islámico, rompió las cadenas del "nombre de esclavo" para abrazar una identidad de hombre libre y socio comercial.

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Ali entendió antes que nadie que el ring no tenía fronteras, consolidando en 1966 la era de las transmisiones satelitales y convirtiéndose en el motor económico de su propia leyenda.

El ring como motor de riqueza: El legado de Ali

El punto máximo de la visión de Ali ocurrió en 1974 con el legendario Rumble in the Jungle. En Zaire, no solo buscaba recuperar el trono, sino que aseguró una bolsa de 5 millones de dólares para cada contendiente (equivalente a unos 26 millones de dólares actuales).

Más que un simple pago personal, esta cifra reconfiguró la industria: al cotizarse tan alto, Ali obligó a promotores y cadenas de televisión a elevar los estándares salariales de todo el gremio. Con ganancias totales de 57 millones de dólares a lo largo de su carrera, Ali no solo acumuló una fortuna, sino que diseñó el modelo de negocio que los boxeadores actuales explotan hoy.

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