La lucha libre en México ha sido testigo de incontables figuras que, hasta la actualidad, son consideradas leyendas dentro del gremio y un referente para las nuevas generaciones que forman parte del espectáculo. Este deporte se ha consolidado como una de las principales atracciones del país, y también ha sido reconocido en la cultura popular a través de temas emblemáticos como Los Luchadores, compuesto por Pedro Guadarrama y Raúl Zapata Ferrer, en el que se mencionan a grandes ídolos como El Santo, El Cavernario, y El Bulldog.

"Respetable público.

Lucharán a dos de tres caídas, sin límite de tiempo

En esta esquina El Santo y El Cavernario

Y en esta otra Blue Demon y el Bulldog."

La canción fue interpretada por primera vez en 1982 por el Conjunto África, y años más tarde La Sonora Santanera la popularizó, resaltando la historia icónica que relata y llamando la atención de los aficionados al mítico deporte. Sin embargo, con la llegada del luchador , algunos seguidores han cuestionado quién fue el original (Cavernario) y cuál es su legado dentro del ring.

¿Quién era El Cavernario?

Rodolfo Galindo, nacido en Chihuahua en 1923, es considerado el rudo más grande en la historia de la lucha libre mexicana. Fue impulsado por Salvador Lutteroth González, reconocido como el padre de este deporte. Galindo dejó huella en el ring gracias a su peculiar y agresiva forma de luchar, generando temor entre sus rivales, motivo por el cual Lutteroth le otorgó el nombre de “El Cavernario”.

Tras sufrir un accidente automovilístico, su rostro quedó marcado con profundas cicatrices que nunca desaparecieron, lo que acrecentó su imagen de villano. Durante sus combates realizaba diversas maniobras consideradas ilegales, como jalones de cabello, mordidas, patadas, piquetes de ojos y rompimiento de máscaras. Incluso, en varias ocasiones fue detenido por agredir a la afición.

Cada una de sus apariciones provocaba abucheos e insultos, pues era visto como el rudo más temido, encendiendo los ánimos del público en la Arena México. Crónicas de la época relatan que en una ocasión un aficionado arrojó una víbora al ring, episodio que reforzó su temida reputación, al tomarla y hacerla pedazos con mordidas.

El Cavernario se retiró tras sufrir una lesión en la columna, y tres años antes de fallecer, víctima de cáncer, pudo ver su nombre inmortalizado en el Salón de la Fama de la Lucha Libre. Murió en 1999, consolidándose como una leyenda del deporte mexicano, recordado como el rudo más rudo de todos: el Cavernario original.

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