La historia de amor de y Amperaje es un ejemplo de que ni los 551.7 kilómetros que separan a la Ciudad de México de Guadalajara, ni las siete horas y media que viajaban para poder estar juntos, evitó que consolidaran su amor.

“Ella era fanática de la lucha libre cuando nos conocimos por Facebook, me empezó a apoyar sin aún debutar como . Duramos un año hablando y se empezaron a dar las cosas, estuvimos alrededor de 3 años yendo y viniendo de la CDMX a GDL, después decidimos juntarnos y tras cinco años de relación le pedí matrimonio”, relató Amperaje, luchador originario de la Perla Tapatía.

Sin embargo, no todo fue miel sobre hojuelas, ya que Amperaje veía en Asteria a una chica presumida y algo fresa, por eso no le contestaba los mensajes, situación que no era mucho del agrado de su entonces aficionada.

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“Algo curioso es que nos caíamos muy mal al principio, ni él me contestaba ni yo le contestaba los mensajes en redes sociales. Pero debido a un suceso personal muy triste para Amperaje, al darme cuenta le mandé un mensaje de apoyo y de ahí comenzamos a platicar”, complementó Asteria, gladiadora que comenzó su carrera en la CDMX.

Una visita a la Basílica de Guadalupe marcó la pauta para que ambos se conocieran en persona, incluso Amperaje también conoció a la mamá de Asteria; después de su anhelado encuentro, la invitó a pasar fin de año en Guadalajara.

“La distancia nos dolía mucho porque somos una pareja que estamos juntos en las buenas, las malas y las peores, por eso decidimos vivir juntos en Guadalajara. Ahí va la relación que decían que no iba a durar”, dijo orgulloso el tapatío.

Amperaje decidió dar el paso con Asteria, por lo que el pasado 26 de enero se rindió a sus pies para pedirle matrimonio.

“Pensé dárselo en un evento de lucha libre, pero se prestó que la mamá de Asteria estuviera en Guadalajara por su cumpleaños; ella me ayudó a comprar el anillo, gracias a Dios salió todo bien y me dijo que sí”, relató.

“La verdad no me lo esperaba, pensé que se trataba de una broma. Me sentaron en una silla y me vendaron los ojos, cuando lo vi se puso muy nervioso, me puso el anillo en el dedo equivocado. Sentí muy bonito porque cinco años de tanta distancia valieron la pena”, concluyó Asteria.

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