No, no es un acto de magia. Víctor necesitó años de práctica para lograr que Morionet, su marioneta, pintara estos hermosos cuadros al ritmo de la música que alegra el paso de los transeúntes que a diario recorren la avenida Juárez, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Hace seis años, a Víctor Ariosa, un titiritero cubano, se le ocurrió diseñar y fabricar una marioneta que pudiera realizar pinturas a mano alzada, resultando en el nacimiento de Morionet.
“Yo estudié teatro, pero me he adentrado en el arte de la pintura con este proyecto de Morionet. Cada día lo voy perfeccionando, sí es algo complicado, no es lo mismo pintar con tu mano en un estudio que a través de una marioneta”, nos comentó Víctor.
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Fabricado con madera y alambre, Morionet “cobra vida” a diario ante el asombro de los transeúntes, quienes observan cómo, trazo a trazo, crea retratos, flores y otro tipo de objetos en su lienzo colocado en un caballete que Víctor le coloca sobre una banqueta.
“El objetivo con este performance es la sorpresa, el cómo las personas se sorprenden al ver una marioneta pintar de verdad. Este performance tiene mucho vínculo con las personas que pasan por aquí, sin público no existe Morionet”, dijo el titiritero.
Además de ser una oportunidad de expresar su arte, para Víctor el proyecto de Morionet también le ha ayudado a sobrevivir.
Al artista y su títere les toma de 4 a 5 horas terminar una pintura, las cuales se venden entre los 2,500 y los 5 mil pesos.
“Actualmente, con esta actividad yo sobrevivo, se podría decir que, en ese sentido, Morionet me da vida”, finalizó Víctor.