Cuando suena la Alerta Sísmica, el sistema nervioso simpático activa una respuesta de supervivencia y, en cuestión de segundos, el cerebro ordena a las glándulas suprarrenales liberar grandes cantidades de adrenalina y cortisol.
Esta descarga provoca cambios físicos inmediatos: el corazón comienza a acelerarse, las pupilas se dilatan, la sangre se redirige a los músculos de las piernas para correr y el sistema digestivo se frena de golpe. Es aquí donde la fisiología explica el famoso “se me revolvió el estómago”.
Cuando tu cuerpo empieza a experimentar esta sensación, como, por ejemplo, al momento de un sismo, en México se suele ofrecer un “bolillo para el susto”. Pero ¿qué tan cierto es que esta pieza de pan es capaz de calmar todo el sistema nervioso o solo se trata de un rumor?
Contrario a lo que parece, comer bolillo sí ayuda a darle un apapacho al sistema nervioso simpático. A continuación, te explicamos tres razones para continuar con este peculiar hábito, aunque, claramente, ningún médico te recetará un bolillo después de un susto grande.
Cuando tu cuerpo sufre una descarga de adrenalina, el estómago genera ácido clorhídrico, pero sin alimento que procesar, y esto desencadena que sientas náuseas y ardor.
El bolillo, al estar compuesto de almidón, ayuda a absorber el exceso de jugos gástricos, reduciendo la irritación de la mucosa del estómago de manera casi inmediata.
El pico de estrés causado por un susto hace que el cuerpo consuma rápidamente sus reservas de glucosa para preparar los músculos ante el peligro. Cuando la amenaza pasa, los niveles de azúcar en la sangre caen drásticamente, provocando mareo, temblor en las manos y debilidad generalizada.
Y es que los carbohidratos, como el bolillo, se transforman con rapidez en glucosa durante la digestión. Por eso, al comer la famosa pieza de pan, se pueden nivelar los niveles de glucosa, disminuyendo la sensación de desmayo.
Este punto se trata más de “engañar” al cerebro, ya que, al masticar, se envían señales de que el peligro ya pasó.
Muchas personas tienen diversas creencias sobre el clásico “bolillo para el susto”; sin embargo, no existe evidencia médica de que suceda así. Más bien, hay personas que ya tenían la glucosa alterada y, al ser sometidas a este tipo de emociones, el cuerpo solo reacciona, detonando algo que ya estaba ahí.
Otro mito que existe es que, después de un susto, solo comer bolillo ayuda y no debe ser ningún otro pan. La realidad es que sirve para lo mismo cualquier tipo de carbohidrato seco, como galletas, tortillas o pan integral.
Aunque el “bolillo para el susto” sí resultó ser cierto, no se trata de una cura mágica ni mucho menos es un auxiliar para la medicina, así que nunca debes sustituirlo por una consulta con un profesional de la salud.