Transitar por el primer cuadro de la es adentrarse en la algarabía del comercio, el ruido de los cláxones en las calles semipeatonales, andar entre tumultos que terminan en un embudo en cada esquina y con suerte cruzar el zócalo.

Una tarde de marzo, a sólo unos meses del que atraerá a miles de turistas a la capital del país, es difícil transitar por el Centro Histórico, pero para muchos no es novedad.

se prepara. Por ejemplo, la señora María del Carmen, de 59 años, cuenta que salió preparada de su domicilio, en el Estado de México, para internarse en sus calles con una misión: hacerse de los materiales para elaborar los arreglos de mesa para los XV años de su nieta.

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“Me vengo con tenis, playera, y ya sé que es venir a caminar y caminar, andar preguntando en los locales, para ver si hay lo que busco, (...) a pesar de la gente, del ruido, me gusta mucho venir”, dice.

Lleno de vallas. Para aquellos que quieren ingresar al Zócalo, en ocasiones no pueden, por las vallas que se instalan ante diversos eventos que tienen lugar en la principal plaza pública de la capital.

“Hay que rodear o irse por las calles de atrás porque no siempre está el paso abierto, no es diario, pero para adivinar”, comenta una capitalina que avanza frente a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), rumbo a las inmediaciones de la Plaza de la Constitución.

postales. Basta avanzar un poco para volver a encontrar el ruido. Justo frente a la Catedral Metropolitana, a las afueras de una de las salidas del Metro, decenas de puestos ambulantes se dejan ver con sus sombrillas de color guinda. Aunque venden todo tipo de recuerdos para entretener a los turistas, la fiebre pambolera ya se hace presente en gorras, imanes y otros productos relacionados con el Mundial de junio próximo.

“Somos muchos, entonces se hace todo el desorden, pero uno se acostumbra”, comenta el señor Ramiro, comprador que acudió a esta calle para surtirse de productos para su negocio, pues en el Centro “todo sale más barato”.

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