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PREGUNTA
Me salieron unas ampollitas con agua en la base del pene, que luego se reventaron y se hicieron llagas con ardor. Fui al doctor y me dijo que es herpes genital. Me quería morir; siento que mi vida íntima se acabó para siempre y me da pavor contagiar a mi pareja. ¿Ya no voy a poder tener relaciones nunca? Fernando V.
RESPUESTA
Fer, respira, recibir un diagnóstico de herpes genital no es el fin de tu vida sexual ni sentimental. Es perfectamente normal sentir angustia, pero el Herpes Virus Simplex (HSV) es una condición de la piel súper común que millones de personas llevan en su cuerpo de forma completamente funcional y saludable. El virus no destruye tus órganos ni te impide enamorarte, disfrutar del erotismo o tener hijos a futuro. El virus del herpes funciona por brotes: aparece en momentos donde tus defensas bajan o hay mucho estrés, se manifiesta con esas ampollas molestas, y luego entra en una fase de “sueño” donde se esconde en las fibras nerviosas sin causar síntomas durante meses o años. Lo crucial es aprender a leer a tu cuerpo, mientras tengas un brote activo, ampollas o costras, está prohibido tener relaciones sexuales, ya que en esa fase el riesgo de contagio es alto. Cuando no hay síntomas, el riesgo de transmisión baja y se reduce aún más con el uso diario de preservativo o si tu médico te prescribe medicamentos antivirales de mantenimiento. Platica con tu pareja, con madurez, comunicación y los cuidados básicos de salud, tendrán una vida íntima plena, placentera y libre de culpas.
PREGUNTA
Mi novia me propuso meterme un dedo por el ‘anfiteatro’ o usar un juguete anal mientras me hace un oral. A mí se me antoja la sensación, pero me da un pavor que me vaya a gustar y que eso signifique que me estoy volviendo gay. ¿Qué onda con eso? Gastón M.
RESPUESTA
¡Quítate esa idea de la cabeza! Recibir estimulación anal no te vuelve gay. La orientación sexual se define por quién te atrae emocional y físicamente (en tu caso, tu novia), mientras que el placer anal es una simple cuestión de anatomía humana. Los hombres tienen en la pared anterior del recto una glándula llamada próstata (el punto P o el punto G masculino) que está llena de terminaciones nerviosas hipersensibles. Cuando esa zona se estimula de forma suave y bien lubricada durante el juego erótico, el flujo de sangre en la pelvis se dispara y genera orgasmos intensísimos que involucran a todo el cuerpo. Experimentar ese nivel de placer con tu pareja no tiene nada de malo ni cuestiona tu masculinidad. Si quieres probar sin presiones ni culpa, háganlo paso a paso: asegúrense de usar muchísimo lubricante a base de agua, empiecen cortándose bien las uñas y usando un guante o dedal de látex, y dejen que tú lleves el control del ritmo. Si la sensación te fascina, disfrútala sin prejuicios; el placer no tiene etiqueta ni género.
PREGUNTA
Ya tenemos dos hijos y mi esposa y yo acordamos que yo me haga la vasectomía. La verdad estoy decidido, pero en el trabajo mis compas me dicen que me voy a quedar capado, que ya no voy disparar nada al venirme y que se me va a bajar la potencia. ¿Es cierto que te quita lo macho? Ramiro I.
RESPUESTA
No le hagas caso a los mitos de pasillo ni a la desinformación de tus compañeros. La vasectomía sin bisturí no te quita la masculinidad ni afecta en tus erecciones o tu deseo. Lo único que hace el cirujano es realizar una pequeña punción en el escroto para cortar y ligar los conductos deferentes, que son los pequeños tubitos por donde viajan los espermatozoides desde los testículos hacia afuera. Tu cuerpo seguirá produciendo la misma cantidad de testosterona (la hormona de la virilidad), tus erecciones mantendrán la misma firmeza y la cantidad de semen que vas a expulsar al venirte será prácticamente idéntica. Porque el semen está compuesto en un 95% por fluidos de la próstata y las vesículas seminales, y solo un 5% son espermatozoides. A simple vista y en textura, tus eyaculaciones se verán exactas a las de siempre. La vasectomía sin bisturí es un procedimiento ambulatorio que dura unos 15 minutos, se hace con anestesia local y te permite regresar a tu casa caminando el mismo día. Hacerte responsable de la anticoncepción en tu matrimonio es un acto de amor y madurez enorme hacia tu esposa; infórmate con médicos y no con mitos.




