PREGUNTA

Mi novia me canceló la cena de fin de año... Dijo que estaba cansada, pero sé que se la pasó toda la tarde en foros donde el placer no necesita piel, donde todo se vale porque está en el ciberespacio. Me lo ha dicho varias veces, incluso me invita a sus orgías cibernéticas a las que no pienso conectarme . Me dice que no es infidelidad, que es otra forma de estar. Yo la espero, le tengo paciencia porque la quiero. No me queda otro remedio, ¿o sí?

RESPUESTA

Esperar no siempre es amor, a veces es miedo. Es evidente que tu presencia ya no despierta la misma curiosidad, no insistas: retírate con dignidad. El deseo no se ruega, se provoca…o se pierde. Y lo perdido, cuando no vuelve solo, ya no es tuyo.

PREGUNTA

Este año nuevo mi hijo Gerardo se la pasó de novio cibernético en su cuarto, en lugar de con nosotros en la mesa de Navidad. Su comunicación está basada en mensajes rápidos, en risas de emojis. No soy de las que quiero prohibir, más bien quiero enseñarle que no hay algoritmo que reemplace el temblor del cuerpo. A veces, le apago el wifi solo para que me mire. Cuando lo hace, aunque sea por un segundo, siento que todavía hay esperanza: en su parpadeo late la vida que aún no se ha rendido. No sé cómo explicarle a Gerardo, mi hijo, que el amor se aprende rodeado de gente humana que siente amor, que esa gente está en nuestra mesa, en una noche de familia, en nuestra compañía.

RESPUESTA

Los hijos no aprenden por discurso, sino por contagio. Que en tu mesa haya risas, una comida sabrosa, historias divertidas. No luches contra la pantalla: vuélvete más real que ella. El cuerpo siempre gana cuando no se le obliga. El día que tu hijo descubra que sentarse contigo a la mesa es algo que no se puede descargar y que el amor se saborea, volverá solo a tu mesa.

PREGUNTA

Regresamos de la cena de casa de mis padres. Pasaron demasiadas cosas: mi prima se declaró gay, mi abuela anunció que se irá a vivir con un hombre casado, mi papá presentó a un hijo desconocido. Mi esposo no dijo nada en el camino, yo tampoco. Dormí a los niños y cuando entré al cuarto, él estaba ya dormido y yo, llena de palabras, me fui a dormir hablando sola. ¿Cómo se ama a alguien al que parece que nada le importa?

RESPUESTA

El silencio no es paz cuando es evasión. Tu esposo no está distraído, está ausente. Y nadie puede amar a alguien que no está. No le pidas más atención, exige presencia. El amor adulto no se mendiga: se acuerda o se rompe. Y sí, duele decirlo. Pero duele más dormir al lado de alguien que no siente ni tu respiración

PREGUNTA

Apagué la pantalla y sentí frío. Yo estaba en todo: videos, chats, grupos donde todos pensábamos igual. Después fue necesidad. Antes de Navidad me sacaron del grupo, me borraron sin previo aviso y todo se me rompió. Apagué el celular, lo tiré. Ahora, me siento desenchufado, solo, como si no existiera. ¿Me vuelvo a conectar?

RESPUESTA

Lo que duele es la ilusión de pertenecer sin exponerte. Las redes prometen tribu sin riesgo, identidad sin cuerpo, compañía sin mirada. Pero cuando te expulsan, todo se cae. El frío que sientes es real, es abstinencia de validación. Vuelve al mundo imperfecto. La vida no expulsa, confronta. Y eso, aunque asuste, te devuelve al centro.

PREGUNTA

Me excita más hablar de relaciones, que tenerlas. Fantaseo mejor escribiendo que tocando. Cuando llega el momento real, me desconecto. No es falta de deseo, es miedo a no estar a la altura de lo que imagino, a contagiarme de una enfermedad, a sentir que no gusto. Temo que se acabe el encanto, que su aliento, sus dientes, sus ojos me digan algo que no espero. ¿Se puede vivir del erotismo sin cuerpo o eso sería cruzar una línea en la que la seguridad sea más importante?

RESPUESTA

No es peligroso fantasear, lo peligroso es vivir escondido. Cuando el cuerpo se vuelve amenaza, algo pide ser reconciliado: tu vulnerabilidad, tu torpeza, tu verdad. El deseo no es perfecto, suda, se equivoca, tiembla, huele, pero el calor de un cuerpo real, de un acto animal, es de satisfacerse. Cuando dos cuerpos brotan de energía y felicidad, se da el verdadero estallido de luz. En la fantasía nada duele, en el cuerpo todo vibra. Y ahí empieza lo erótico.

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