El faraón niño conocido como Tutankamón no fue el más importante de la historia de Egipto. No tuvo tiempo de realizar grandes gestas ni de construir colosales monumentos, ya que falleció con apenas 18 años. Sin embargo, su nombre está escrito con letras doradas en la historia de la arqueología, porque su tumba es la única asociada a un gobernante del Antiguo Egipto que se ha encontrado completa e intacta.
Fue el 4 de noviembre de 1922 cuando el egiptólogo británico Howard Carter cumplió el sueño de su vida al descubrir la tumba de este joven faraón. Hace unos días, en la ciudad egipcia de Luxor, tuve la oportunidad de visitar la casa de Carter, muy cercana al Valle de los Reyes: un conjunto de montañas al oeste del Nilo donde los antiguos egipcios creían que comenzaba el más allá y donde enterraban, en tumbas secretas, a los gobernantes más destacados de su civilización.
Tutankamón gobernó Egipto durante solo nueve años, y nadie esperaba su prematura muerte, probablemente causada por una infección severa de malaria combinada con una fractura de pierna —posiblemente tras un accidente con un carro— que derivó en necrosis. Por ello, los expertos consideran que muchos de los tesoros hallados en su tumba no fueron creados específicamente para él, sino heredados de sus ancestros, especialmente de su padre, Akenatón.
Lee también: Llueve en Egipto y destapan un secreto enterrado que nadie puede explicar
La expedición arqueológica que llevó a este hallazgo fue financiada por el acaudalado lord inglés George Herbert, conde de Carnarvon. Siglos antes, los obreros que excavaban la tumba de Ramsés VI cubrieron accidentalmente con escombros la entrada de la tumba de Tutankamón, lo que permitió que permaneciera oculta e intacta hasta su descubrimiento en 1922.
Durante cinco años, Lord Carnarvon financió las excavaciones de Carter en el Valle de los Reyes. A pesar de que muchos arqueólogos de la época afirmaban que la zona ya había revelado todos sus secretos, Carter estaba convencido de que aún quedaba un gran descubrimiento por hacer. Y tenía razón.
El hallazgo comenzó con una grieta bajo una zona de antiguas cabañas de obreros, que condujo finalmente a la tumba intacta de Tutankamón. Carter envió entonces un telegrama a Carnarvon que pasaría a la historia:
“Finalmente, un hallazgo extraordinario en el Valle. Una tumba intacta con sus sellos originales. Todo permanece cerrado hasta su llegada. ¡Felicidades!”
En el interior se encontró un tesoro sin precedentes: 5,398 objetos, entre ellos joyas, armas, carros ceremoniales, sarcófagos, la momia del faraón y, por supuesto, su extraordinaria máscara funeraria de oro, de más de 11 kilos de peso.
En la parte posterior de esta máscara —que tuve la oportunidad de contemplar recientemente en el Gran Museo Egipcio de El Cairo— aparecen inscripciones del Libro de los Muertos: hechizos destinados a garantizar el viaje del faraón hacia la vida eterna.
Hoy, gran parte de ese tesoro se exhibe en El Cairo, mientras que la momia de Tutankamón permanece en su lugar original, en la tumba KV62 del Valle de los Reyes.


