Dos empresas con buen renombre en el suministro de materiales y la construcción celebraron un contrato de compraventa mercantil sobre una máquina moderna, sofisticada y adaptada a las necesidades de la empresa cliente. Sin embargo, por un mal manejo administrativo, la orden de entrega se extravió y la máquina no llegó en tiempo y forma.
El retraso tuvo consecuencias importantes: la empresa compradora no pudo fabricar el producto que se había comprometido a entregar a un tercero, lo que derivó en pérdidas y en la penalización correspondiente por incumplir su propio contrato. Ante esa situación, acudió al Centro de Justicia Alternativa (CJA) del Poder Judicial de la Ciudad de México, con sede en Niños Héroes 133, colonia Doctores, para buscar una solución mediante el diálogo.
La empresa vendedora aceptó la invitación a mediación y ambas partes participaron con el apoyo de una persona mediadora pública. Su labor fue fundamental: facilitó la comunicación, ayudó a ordenar la conversación y guio a las empresas para que, en lugar de centrarse en el conflicto, identificaran una salida que les permitiera evitar mayores pérdidas, desgaste y tiempo.
Las partes acordaron una forma de entrega y liquidación de la máquina, además de una nota de crédito para futuras compras como compensación por los daños. Celebraron un convenio escrito, gratuito y con valor de cosa juzgada, exigible por la vía de apremio ante los Jueces del Poder Judicial de la Ciudad de México en caso de incumplimiento.
La historia demuestra que el facilitador no resuelve por las partes, pero sí les permite encontrar juntas una solución. Gracias a su labor, un conflicto que podía terminar en un litigio se convirtió en un acuerdo justo, práctico y con certeza jurídica para ambas empresas.


