Para los padres de Camila, una niña de seis años, las vacaciones de verano dejaron de ser sinónimo de disputas y agendas cruzadas. Desde que se separaron, la falta de un calendario claro para días de descanso y fines de semana largos transformaba cada periodo vacacional en un cruce de reproches legales. Solicitudes de última hora, malentendidos sobre fechas de viaje y la eterna pregunta de “quién pasa más tiempo de calidad con la niña” eran el pan de cada verano.

Ayer por la tarde, tras un proceso de mediación familiar en el Centro de Justicia Alternativa del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México (CJA), ubicado en avenida Niños Héroes número 133, colonia Doctores, ambos firmaron un convenio definitivo que devuelve la certeza a la organización del hogar y pone fin a dos años de conflictos tras su separación.

El mediador, profesional neutral que ordena la conversación sin imponer decisiones, utilizó la técnica de “lluvia de ideas” para que ambos expusieran sus necesidades sin interrupciones. El objetivo era separar las tensiones de la ruptura del derecho de Camila a disfrutar de sus dos padres.

Un acuerdo para organizar las vacaciones

Con la guía del facilitador, diseñaron un esquema equitativo: el padre flexibilizó sus días de viaje a cambio de fines de semana completos; la madre coordinó sus descansos para que la niña no perdiera sus campamentos de verano. También acordaron guarda, custodia y pensión alimenticia, temas donde ya había consenso.

Esta historia deja una enseñanza clara: la incertidumbre es el enemigo de la paz familiar. La mejor organización no es la que se pelea en un juzgado, sino la que se construye pensando en la tranquilidad de los hijos.

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