Claudia y Toño pensaron que su divorcio era el final de un capítulo difícil, pero en familias con patrimonios complejos, extinguir el vínculo legal es solo el primer paso. Lo más complicado venía después: la liquidación de bienes. Propiedades, inversiones y cuentas compartidas eran un tema que ninguno quería enfrentar. La idea de iniciar otro juicio les significaba desgaste económico y emocional.
Fue entonces cuando un amigo les sugirió un camino distinto: el Centro de Justicia Alternativa del Poder Judicial de la Ciudad de México (CJA), ubicado en Niños Héroes 133, en la colonia Doctores. Ahí, de manera gratuita y con el acompañamiento de un mediador, encontraron un espacio para dialogar.
El mediador no impone decisiones ni toma partido. Su labor es facilitar la comunicación, guiar la conversación y ayudar a las partes a construir sus propios acuerdos.
Por primera vez en mucho tiempo, Toño y Claudia dejaron de centrarse en reproches y malentendidos. Hablaron con respeto. Escucharon las necesidades del otro. Y, paso a paso, construyeron acuerdos equitativos. Más que repartirse un patrimonio, lograron algo que creían perdido: conversar cordialmente y cerrar una historia que ya había consumido demasiado.
En un tiempo récord, firmaron un convenio con los acuerdos construidos. Ese documento les brindó la certeza jurídica que necesitaban, ya que adquiere el valor de cosa juzgada, es decir, una decisión judicial definitiva que impide que un mismo caso sea juzgado o demandado otra vez, equiparándose a una sentencia dictada por un juez.
El cierre perfecto no siempre llega con un fallo. A veces, llega cuando un mediador tiende un puente y dos personas deciden cruzarlo juntas.


