Todo inició con un sueño: tener una casa propia. En otoño de 2016, José dio los ahorros de su vida a Carlos para adquirir un inmueble en el Centro de la ciudad. Cinco pagos en efectivo, de mano en mano. Solo faltaba el último, que dependía de un crédito bancario que se liberaría cuando Carlos regularizara las escrituras.

Pero llegó la primavera con malas noticias. Carlos confesó que los trámites eran imposibles y canceló el trato. Devolvió una parte, pero debía algo considerable. Ocho años pasaron con promesas rotas, silencios y justificaciones. José enfrentaba un dilema: juicio desgastante o perderlo todo. La salida: mediación, en lugar de guerra.

Cansados de la situación, acudieron de forma voluntaria al Centro de Justicia Alternativa (CJA) del Poder Judicial de la Ciudad de México, ubicado en Niños Héroes 133, colonia Doctores.

Ahí, un mediador intervino como un facilitador de negociación cooperativa. Lejos de ser un observador pasivo, el especialista condujo una mediación colaborativa y transformó el ambiente hostil en un entorno neutral. Asesoró a Carlos para el reconocimiento de su adeudo y facilitó a Luis la negociación de un plan de pagos viable.

Se diseñó un plan de 75 pagos mensuales mediante transferencias bancarias, notificadas cada mes. ¿Ha funcionado? Sí. Ya se han liquidado las primeras mensualidades con éxito. El seguimiento es estricto y transparente. Aunque el convenio durará varios años, la certidumbre jurídica ha devuelto la paz.

Esta historia enseña algo valioso: no todo conflicto necesita terminar en juicio. La mediación puede ser el puente entre la desesperanza y la solución. Al final, “más vale un mal arreglo que un buen pleito”.

Dato por revisar: el comprador se llama José al inicio, pero en el cuarto párrafo aparece como Luis. Conservé ambos nombres tal como vienen en el original.

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