Martha y Antonio sostuvieron una relación durante seis años aproximadamente, durante los cuales nacieron Leslie y Romina, de cuatro y seis años de edad.
Hace año y medio descubrieron que ya no querían continuar juntos, pero desarrollaron todo un plan para cuidar a sus hijas; sin embargo, todo cambió cuando Martha comenzó a estudiar porque entre las tareas y actividades, el tiempo con las niñas disminuyó.
Antonio la acusó de descuido con Romina y Leslie, así que los acuerdos de compartir la custodia se hicieron a un lado, él ya no quería que convivieran con Martha.
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Los adultos decidieron platicar y acudir al Centro de Justicia Alternativa del Poder Judicial de la CDMX, ubicado a una cuadra del Metro Niños Héroes, para solicitar el apoyo de mediación.
Él explicó que si bien era una fortuna que ella pudiera retomar sus estudios, debían priorizar el cuidado de las niñas, así que le pidió que disminuyera sus salidas a fiestas o actividades que restaran tiempo de calidad con sus pequeñas. Martha primero se sintió atacada y le explicó que era parte de su espacio personal; cada que podía, el mediador intervenía para mantener el ambiente respetuoso y cuando los notaba desgastados, los citaba para una nueva sesión.
Tras tres sesiones de conversaciones, recordaron la importancia de respetar el espacio personal de cada uno, y los límites de su relación como padres y de manera individual, con estos dos aspectos claros, hicieron un convenio por escrito con valor de cosa juzgada en el que definieron la guarda y custodia de sus hijas, el régimen de visitas y convivencias, así como la pensión alimenticia, con el compromiso y claridad de ambos para cumplirlo y sostener la responsabilidad compartida con sus hijas.


