Encontró una empresa de diseño de interiores, y a través de correo electrónico formalizó un contrato para el trabajo que incluyó la transferencia de 45 mil pesos por anticipo y garantía de que los trabajos iniciarían dos días después de haber realizado el depósito.
Durante la primera semana de actividades, el personal encargado de la remodelación empezó un mueble de madera, pero no lo terminó. Pasaron tres meses de excusas, llamadas sin contestar y enojos por parte de Sergio, quien demandó judicialmente porque parecía el único camino para recuperar su dinero.
Acudió con un abogado, sus honorarios eran de 60 mil pesos y la solución que le propuso no lo convenció, buscó opciones para recuperar su dinero y encontró en internet el servicio que ofrecía el Centro de Justicia Alternativa del Poder Judicial de la Ciudad de México.
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Aceptó y solicitó que se le enviara la invitación a Juan, la persona de la empresa de diseño de interiores. Juan acudió con desconfianza y explicó que la inflación en los materiales y un problema familiar lo habían desbordado; Sergio dijo que no quería la quiebra de Juan, sino el servicio por el que pagó.
A través del diálogo, facilitado por el mediador, pasaron a la propuesta: Juan no tenía dinero para el reembolso, pero sí material, por lo que ofreció terminar el trabajo.
Firmaron un convenio de mediación, el cual tiene el valor de una sentencia definitiva emitida por un juez. Sergio y Juan salieron de la calle con algo más que un papel; se recuperó la confianza y descubrieron que la palabra puede tener un valor legal.


