Vimos la biopic ‘Michael’, de Antoine Fuqua, que nos entrega algunos pasajes de la vida y obra del Rey del Pop: Michael Jackson, pero que ignora otros, los más polémicos, los más oscuros, y que también son muy importantes para retratar completamente a la leyenda.
Es así que el trabajo se queda mocho. Se enfoca demasiado en el lado luminoso y virtuoso del gran Michael, algo que tenía de sobra, se sabe y se disfruta, pero todo en una tónica rosa, casi celestial, para beneplácito de los fans de la estrella más grande que ha dado el pop.
La cinta se enfoca en el momento crucial de la carrera de Michael, cuando su talento es tan desbordante que lo empuja a convertirse en solista, lo que significa que tiene que cortar el cordón umbilical que lo une no con su madre, sino con su papá, Joseph Jackson (extraordinariamente logrado por Colman Domingo), el amo y señor del grupo familiar The Jackson 5.
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Con base en disciplina extrema y manipulación por parte del patriarca, y mánager desde que la futura estrella era un niño, Michael forjará su carácter para el resto de su carrera, en la que aparecerán figuras importantes como el productor Quincy Jones, que lo llevará a los cuernos de la luna con el disco 'Thriller', e incluso su mayor némesis artístico, Prince, quien es recordado en la biopic.
Si bien el periodo del filme no pasa de finales de los años 80, cuando aún faltaba mucha historia por contar sobre Michael, incluidos episodios poco favorables para el artista, como ya mencionamos, sí alcanzamos a ver su temperamento y condición humana: una persona que buscaba la perfección. Y una perfección no solo artística, sino también física, con una mentalidad y disposición sin freno para lograr lo que se proponía.
Hay una escena en la que un productor le pregunta al pequeño Michael por su edad. Él responde que tiene diez años, y este le sugiere que mienta y que diga ante las cámaras que tiene solo ocho años, “porque en esta industria se puede inventar cualquier cosa”. Se trata de una escena que pasa un tanto desapercibida, pero que es escalofriante por su poder de manipulación.
En la cinta vemos a Michael, la estrella máxima del canto y del baile, el que revolucionó la industria de la música y el videoclip para la televisión; el que trataba a sus mascotas (ratones, jirafas, llamas, chimpancés, serpientes) como amigos y familia; el eterno niño Peter Pan; el que sufría de vitiligo; el perfeccionista; el artista que, pese a todo, veía a su arte como una herramienta para cambiar al mundo.
ENCORE. Dejo al último a Jaafar Jackson, quien es el encargado de ponerse en los zapatos y calcetines blancos de su tío Michael, un trabajo tan grandioso que por momentos no sabes si es Jaafar o es Michael encarnado para la película, en uno de su propia estirpe. Porque, eso sí, vaya que hay talento, pasión y brillo en la sangre de los Jackson.


