A cinco años de la ‘Ciudad Soledad’, Iván García y Los Yonkis nos receta una treintena de canciones en su nuevo disco, el octavo de su carrera: ‘Baladas Tristes’.
Llamó la atención de todos, la extensión de este trabajo discográfico: ¿30 canciones en tiempos de reels de TikTok que roban tu atención apenas unos cuantos segundos? ¿And por qué no, si este autor poblano siempre ha estado alejado de las telarañas habituales de la industria musical?
Iván García se asume como un viejo lobo de mar con todas las de la ley, porque "las nuevas bandas me dan pereza, con el patrocinio de sus papás". Como esas bandas que ganan concursos amañados para abrir conciertos masivos de bandas internacionales. Iván ya superó la edad de Cristo. Por eso desayuna con cerveza clara y tiene leche de soya en el frigobar.
Así lo confiesa en sus cantaletas más recientes, siempre con sus ideas salidas desde alguna buena cantina local, convertido desde hace años en una de las mejores plumas de la canción folk nacional.
Sus “Baladas Tristes” son también baladas esperanzadoras y luminosas, aun cuando se autodefine como el Señor Obscuridad cuando invita a cantar con él a Paulino Monroy. También baila y llora con Pascual Reyes en 'Baile', uno de los momentos más densos y candentes del álbum (como se podría esperar), bajo el claro de luna y la espera del amanecer, cual vampiros ebrios en agonía.
Me gusta que Iván García y los Yonkis vayan en contra de la marea, de las estructuras tradicionales, y se atrevan a sacar un doble o triple álbum cuando se supone que ya nadie escucha discos completos. ¡Mentira! Este grupo ha ido conquistando poco a poco, verso a verso, palabra con palabra, trago a trago, a una audiencia que acude al llamado de sus presentaciones.
Estas “Baladas Tristes”, que también cuentan con voces invitadas como Niñovan, Bluez Marentes, Chinoy, Saúl Fimbres y Juana Castañeda —quienes funden a fuego lento sus registros agudos con la gravedad vocal de Iván— vieron la luz en 2025 y llegaron a mis oídos apenas a inicios de este año... Porque las rolas llegan cuando tienen que llegar, di.
Acompañadas de discos como Ego Death at a Bachelorette Party de Hayley Williams y piezas sepulcrales como “Glum”, terminaron por cargar de combustible el motor de “esto que no acaba, pues acaba de empezar”, como bien celebra el camarada Iván en este trabajo tan prolífico como honesto.





