Con el paso de los años, la o se está consolidando como uno de los mejores escenarios para conciertos del país. No solamente por su majestuosidad, sino por el arraigo popular que representa. La Plaza México impone. Llenarla significa una distinción que no se consigue únicamente con publicidad: es una prueba de convocatoria.

llegó en un momento importante de su carrera. Tras sus éxitos con Calibre 50, construyó una identidad como solista y compositor de canciones que triunfan en otras voces. Su presentación confirmó que tiene público y repertorio para ocupar ese escenario. Lo curioso es que parece ser el único que todavía no termina de creérsela.

Prolífico, creativo y de una sencillez poco común, tiene méritos de sobra. Pero una cosa es ser humilde y otra actuar como si necesitaras permiso para ser la estrella de tu propio concierto.

La primera noche apareció Alfredo Olivas y aquello fue abrumador. Su magnetismo se impuso: el público reaccionó con una intensidad que, por momentos, desplazó al anfitrión del centro de atención. Alfredo no tuvo que robarle el espectáculo a Edén, la gente le entregó los reflectores.

Yuridia había tenido una primera participación extraordinaria. Pero después regresó, en su afán de consentir a Edén, mientras Alfredo Olivas cantaba, durante la primera noche, que fue la segunda fecha que salió a la venta. Entre bromas y unos tragos de más, como ella misma reconoció, mostró una actitud desinhibida muy distinta a la que acostumbra tener.

Y aquí viene lo cuestionable: Yuridia ha construido una carrera demasiado importante para permitir que una noche de copas termine restándole seriedad a su imagen. No se trata de cuestionar su extraordinaria voz ni de impedir que se divierta, sino de entender que la confianza también tiene límites.

Y no era una noche sin restricciones. Una semana antes habían interrumpido el concierto de Ramón Ayala. Edén había convocado temprano para concluir alrededor de medianoche, pero el espectáculo terminó cerca de la una de la mañana. En medio de la presión por el horario, los artistas bromearon incluso con pagar una multa para continuar. El público puede celebrar la ocurrencia, pero un artista también debe saber cuándo dejar de bromear y hacerse cargo del espectáculo.

A eso se suma un repertorio lleno de homenajes. ¿Por qué alguien con tantas composiciones propias dedica tanto espacio a canciones ajenas? Compartir es generoso, pero dirigir también exige decidir qué lugar ocupa cada quien.

Y entonces, de qué sirve que Edén tenga una mánager brillante como Ana Luisa Gómez o la México, que ya sabe el valor de su inmueble, Alfredo Olivas también sabe quién es Alfredo Olivas. ¿Cuándo terminará Edén de creérsela? ¿Sabrá que sólo él tiene la última palabra?

Nos leemos la próxima, aquí donde quizá hablemos de ti.

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