Hacer una entrega de premios no es nada sencillo. Requiere inversión, visión, disciplina y talento para equilibrar egos e intereses. Es una gran chamba. Por eso, cada vez que alguien organiza una ceremonia de reconocimientos, vale la pena dimensionar el esfuerzo detrás.
Pero cuando una premiación trasciende y consigue que la comunidad respete lo que ahí se entrega, ocurre algo más importante. No hace falta tener el trofeo más grande, basta con que tus compañeros de talacha distingan tu trabajo y así fortalecer una industria que no puede darse el lujo de desaparecer.
Y menos cuando hablamos del teatro, un auténtico sube y baja, ingrato por momentos y apasionadamente tóxico como para terminar regresando a sus brazos, aun después de la terapia más exigente.
Pocas premiaciones consiguen ese fenómeno. En algunas, prevalece el protagonismo de sus creadores, donde más allá de reconocimiento a la industria, la intención es controlar una industria, en lugar de asumirse como un engrane más de ella.
En otras, como los premios de la ACPT, sucede lo contrario: se reconoce al teatro por el teatro mismo. La asociación creada por Gustavo Suárez Ojeda, crítico de la vieja guardia, demostró que la comunidad teatral agradece que su trabajo siga siendo observado y valorado.
Ahí está el peso de estos premios: cada diploma valida el esfuerzo de quienes levantan una obra y conserva un lugar para la crítica. Y eso, ahora que casi todo parece medirse en seguidores y fama efímera, debería valer más.
Hoy una trayectoria parece pesar más por los ‘likes’ que por la chamba artesanal de ver espectáculos y entenderlos. El trabajo de Gustavo Gerardo Suárez y Melba Vidal merece un aplauso de pie. No cualquiera reúne a un gran elenco en el Teatro de la Ciudad ‘Esperanza Iris’ y logra una producción de nivel con recursos eficientes.
A eso se suman aliados como Enrique Orozco, quien desde los Premios Metro (que ya no existen) mostró visión financiera y entiende que el negocio y el amor por las artes pueden caminar juntos.
La ACPT reconoció a lo mejor del teatro mexicano. ‘Matilda’ arrasó con varios premios y la ceremonia regaló momentos entrañables a Emilia Gou y Jaime Camil, quien celebró ser reconocido por especialistas que, además de amar el teatro, lo conocen. Hace una década, muchas entregas tomaron otro camino: algunas se volvieron escaparates para sus organizadores, otras hicieron negocio y unas más alimentaron el egos.
Por eso, cuando aparece una noche como la de la ACPT, hay que celebrarla, y reconocer el talento siempre será importante, pero hacerlo con credibilidad, respeto por la industria y sin convertir el premio en un homenaje a quien lo entrega, vale todavía más. Nos leemos la próxima, aquí donde quizá hablemos de ti.


