En la radio hay despidos que se anuncian con tanta delicadeza como una ruptura por WhatsApp.
Algo parecido le ocurrió a Mauricio Barrientos, “El Diablito”, quien después de entregar resultados en Radiópolis, de la noche a la mañana recibió las gracias.
La decisión, aparentemente, respondió a una reestructuración financiera que ‘se llevó entre las patas’ a varios programas. El problema no son los ajustes, sino las formas.
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De acuerdo con fuentes cercanas a Mauricio, ante la falta de una explicación clara y de una resolución laboral, “El Diablito” decidió emprender acciones legales contra el grupo.
Busca, aseguran, una liquidación conforme a derecho y sentar un precedente frente a una práctica común en algunos medios donde despiden primero y explican después, si acaso explican. Barrientos espera una conciliación y sabe que la radio en México es un mundo pequeño.
Por eso, una relación laboral debería depender de contratos y respeto profesional, no del humor de un directivo.
ESTUVIMOS EN NUEVA YORK con Francisco “El Gallo” Elizalde, quien recibió un reconocimiento en una ceremonia dedicada a la filantropía, la cultura y actividades sociales, en una sede alterna cercana a Naciones Unidas. Acudió acompañado por su mánager, Héctor Lombard.
El reconocimiento abre una nueva etapa ligada a causas en beneficio de niños y mujeres. El próximo fin de semana estará en Sinaloa, donde rendirá homenaje a Valentín Elizalde con el famoso holograma.
Y MIENTRAS algunos artistas entienden que una carrera también se construye respetando al público, otros parecen haber olvidado quién compra los boletos. Cancelan, posponen y cambian planes, y después pretenden que un comunicado y el reembolso cierren el asunto.
El caso reciente de Jesse, de Jesse & Joy, lo confirma: incertidumbre sobre presentaciones con su hermana y después, un nuevo proyecto personal comunicado de manera poco afortunada. El problema no es cambiar de rumbo. Es hacerlo olvidando a quien compró un boleto, pagó hotel, avión, transporte o apartó una noche para estar ahí.
¿Y todo eso quién lo paga?
El público mexicano compra, viaja, hace filas y convierte carreras en fenómenos. Lo mínimo que merece es respeto. Devolver una entrada debería ser apenas el principio de la responsabilidad. Y sí, dicen que todo se paga en la eternidad, pero esperar hasta entonces no parece gran negocio.
Las autoridades que protegen al consumidor y regulan los espectáculos deberían revisar hasta dónde llega la responsabilidad por una cancelación. Mientras no haya consecuencias reales, cancelar un concierto seguirá siendo casi tan fácil como cancelar una cena. Nos leemos la próxima aquí donde quizá hablemos de ti.



