La semana pasada se hizo viral la versión sobre una pausa entre Jorge D’Alessio y Marichelo, después de más de una década juntos.
A partir de ahí, varios ‘Chismólogos’ soltaron con ligereza comentarios, versiones y señalamientos sostenidos en fuentes anónimas y sin base clara y más que informar, lo que volvió a quedar expuesto en este caso fue el deterioro de la conversación en el entretenimiento.
Me confirman que D’Alessio estaría valorando no darle peso a esos comentarios precisamente por el origen que tienen y que si este rebasa la línea de respeto a su familia, emprenderá entonces, acciones legales.
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Sin embargo, el darle el avión a la situación, también refleja algo que ya se viene acumulando entre varios personajes públicos: el hartazgo y conformidad frente a la mentira, en donde la insinuación y el escándalo se usan para llamar la atención.
¿Casos?
Ahí está Ángela Aguilar, quien no ha podido reactivar del todo su carrera por la carga de hate que la persigue y por el tono que ha tomado la conversación alrededor de su figura.
Cada vez hay más molestia entre artistas y personajes públicos al ver que una versión crece más mientras más agresiva, exagerada o escandalosa resulte.
Por eso muchos han preferido tomar distancia de ciertos comunicadores y espacios que han hecho del chisme sin sustento una forma de operar.
A eso se suma otro problema: son pocos los abogados que realmente pueden darle frente a los casos de daño moral, y menos todavía los que consiguen llevar esas batallas a una consecuencia real. De ahí que varias figuras hayan optado por usar sus propias redes para fijar postura y hablar sin intermediarios.
EN ESE CONTEXTO, la televisión tampoco queda fuera. En La Casa de Los Famosos de Telemundo se privilegió a personajes disfuncionales, aun cuando existan filtros sicológicos que, en teoría, deberían frenarlos.
El problema es que, a pesar de que según los sicólogos, los famosos no están aptos para el programa, algunos productores se aferran a ellos porque saben que ahí está la semilla de la controversia y más allá de las evaluaciones, termina pesando más la posibilidad del pleito, del desgaste y del choque constante.
Y es que el escándalo ya no sólo sirve para quienes hablan desde afuera; también es una herramienta que algunos famosos usan para hacerse notar dentro de un formato como La casa de los famosos.
Provocar, engancharse, victimizarse, tensar la convivencia o exponer de más su historia personal termina siendo una forma de permanecer.
Lo grave es que, la violencia se está normalizando. Entre los que inventan, repiten y aprovechan el ruido para seguir vigentes, se va imponiendo una forma de hacer entretenimiento donde el daño importa cada vez menos. Y cuando todo se sostiene en la mentira, el pleito y la necesidad de aplastar al otro para no desaparecer, lo que queda ya no es espectáculo: es la mismísima miseria disfrazada de contenido. Nos leemos la próxima, donde quizá hablemos de ti.



