¿Sabías que una de las tradiciones más importantes de comenzó con una cruz de madera tallada a mano dentro de una prisión?

La historia ocurre en una zona ubicada en la parte alta de la alcaldía que con el paso de los años dejó de ser un paisaje de milpas, bosque y terrenos de conservación para convertirse en una comunidad llena de historia, organización vecinal y tradiciones.

Estas tierras formaron parte de la antigua hacienda La Cañada y, después de la Revolución Mexicana, fueron restituidas al pueblo de La Magdalena. Durante décadas conservaron un carácter rural, hasta que en los años 70 comenzaron a instalarse los primeros asentamientos urbanos.

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Los primeros vecinos no la tuvieron nada fácil. Durante años enfrentaron problemas por la tierra y vivieron sin servicios básicos como agua, alumbrado o pavimentación.

Como ocurrió en muchas otras zonas de Contreras, fueron los propios habitantes quienes comenzaron a organizarse para mejorar sus condiciones de vida.

Con trabajo comunitario, reuniones y años de esfuerzo, El Ocotal fue creciendo hasta convertirse en el barrio que hoy conocen sus habitantes.

Actualmente, la comunidad tiene alrededor de 8 mil 700 habitantes, pero detrás de esa cifra hay una historia marcada por la cooperación entre vecinos y el orgullo por el lugar donde viven.

La cruz de madera que cambió la historia del barrio

Cada año, entre el 20 y el 26 de noviembre, los habitantes de El Ocotal celebran a Cristo Rey. Sin embargo, el origen de esta tradición tiene una historia muy particular.

Vecinos cuentan que en 1975, cuando en la zona todavía predominaban las milpas, un hombre que se encontraba en prisión recibió un pedazo de madera de ocote.

Durante su encierro, talló con sus propias manos una cruz y realizó una promesa: si recuperaba su libertad, llevaría aquella pieza a su comunidad y cuando salió, cumplió su palabra.

Llevó la cruz hasta El Ocotal y, en medio de los campos, ayudó a levantar una pequeña capilla.

Con el paso de los años, aquella cruz dejó de ser solamente un objeto religioso. Se convirtió en un símbolo de identidad para los habitantes del barrio y en el origen de una celebración que continúa hasta nuestros días.

Una tradición que sigue viva

Cada noviembre, las calles de El Ocotal se llenan de procesiones, música, baile y convivencia.

La celebración de Cristo Rey no solo recuerda una historia religiosa, también representa la memoria de una comunidad que creció gracias al esfuerzo colectivo.

La historia de El Ocotal comenzó con una promesa, una cruz tallada a mano y las manos de muchas personas que transformaron un terreno rural en un barrio con identidad propia.

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