Más Información
Inspirado en su madre y en rasgos de mujeres del norte y del occidente del país, ese humor desparpajado y frontal la llevó a recintos importantes, sostenido además por su formación en el Instituto Nacional de Bellas Artes.
Hoy, a sus 83 años, la comediante se adapta a un set muy distinto: una habitación en La Casa del Actor, donde desde hace tres meses se deja cuidar tras haber sufrido dos caídas que le hicieron ver que ya no debía vivir sola.
Lejos de lamentarse, la actriz nacida en la Ciudad de México busca ser ejemplo para otros que han llegado a una edad avanzada: entre terapias, clases, misas y un espacio propio, se sabe más serena, pero jamás inactiva.
VIDA NUEVA Y LECCIÓN DE VIDA A LOS 83 AÑOS
“No me dan trabajo los empresarios porque piensan que no puedo, pero no saben todo lo que puedo. Estoy sana porque nunca he tomado, fumado ni consumido sustancias, ni me he prostituido; eso lo pueden investigar”, dice entre bromista y seria.
¿Qué sentimiento guarda hacia Lencha?: “De mucho agradecimiento, fue un personaje que me dio muchos reconocimientos. Al ser humano le hace falta reír, le hace falta desahogarse, y la risa es una fortuna”.
¿No cree que Lencha eclipsó a otros personajes?: “He hecho más de 40. En Bellas Artes hice tragedia, comedia, drama, hice de todo”.
¿Fue difícil dejar todo para venir a La Casa del Actor? “Nunca he sido materialista, jamás me ha importado ser conocida, ya no digas famosa. Siempre le pedí a Dios trabajo para mantener a mis hijos y darles una carrera, y me dio más”.
Estar aquí no significa que ya se retiró, ¿verdad?: “Claro que no. Hace unos días un doctor me encontró cantando. Se sorprendió de mi voz y se interesó en ayudarme a hacer un programa para YouTube. Lo veremos pronto. Yo no tengo rencores, tengo mucho amor y si me hablan para trabajar, acá sigo”.








