En el nuevo capítulo de "Penitencia", el podcast de Saskia Niño de Rivera en el que entrevista a personas que viven tras las rejas, un interno identificado como “Beto” cuenta su historia y revela que de niño trabajó como sicario; lo impactante de su revelación es que era contratado por políticos y hasta figuras públicas.
Beto no se guardó nada y, aunque en el capítulo están censurados algunos nombres, lo que más ha llamado la atención es que la fallecida actriz, Carmen Salinas, aparentemente contrataba los servicios del sicario para que se robara niños y se los llevara para hacer rituales.
La historia de Beto
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El relato de “Beto” describe una infancia marcada por el abandono. Asegura que fue dejado en una casa hogar a los 15 días de nacido y que, tras ser adoptado, sufrió de maltrato.
Más tarde, dice haber escapado y sobrevivido en situación de calle en la Ciudad de México, pero terminó en redes delictivas que reclutaban menores, en donde presenció cómo le quitaron la vida a su novia de nueve años y a muchos otros niños que no resistían el entrenamiento.
Hoy lleva 18 años en prisión y reflexiona sobre el daño que causó, sobre los vacíos que nunca se llenan y sobre cómo el abandono y la violencia sistemática lo llevaron por un camino sin retorno.
Carmen Salinas pedía trabajitos a sicario
Sobre los supuestos encargos de personas del ámbito político y del espectáculo, el entrevistado asegura que manejó grandes cantidades de dinero gracias a los trabajos que les hacía a estas personalidades. Según sus propias palabras, lo contrataban para matar a socios o para robarse niños y llevarlos a otro estado.
Aunque en el episodio se censuran algunos nombres, el único que, si se escucha claro y fuerte es del Carmen Salinas, una actriz mexicana muy querida que también estuvo involucrada en la política.
De acuerdo con el testimonio de Beto, Carmelita le pagaba para que se robara niños que después ella usaba para rituales, aunque era "muy católica", la realidad es que hacía sacrificios.
El gobierno contrata niños para matar niños
En su narración, el interno afirma que estas organizaciones utilizaban a niños por su vulnerabilidad y porque “nadie los reclamaba”. Según sus palabras, fue entrenado en condiciones extremas y obligado a participar en actividades ilícitas desde muy pequeño, lo que señala marcó su vida y lo llevó a prisión, donde hoy cumple 18 años de condena.
Así fue como Beto, en sus propias palabras, "comenzó a convivir con gente del medio". Lo alarmante de esta situación es que, aunque él ya está preso, las redes criminales siguen existiendo y siguen contratando "a puro chamaco de la calle" o de casas hogares porque no hay a quien les importe y se pueden deshacer fácilmente de ellos sin que nadie los reclame, además de que por su aparente "inocencia", es más fácil que convenzan a sus víctimas.










