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Felipe de Jesús Hernández Orta lo dice con orgullo: “Pertenezco a una de las mejores empresas, el Consejo Mundial de Lucha Libre”.
Y no es para menos, ya que dentro de las filas de la “Seria y Estable” y bajo las enseñanzas del polémico Javier Medina, “El Gato Montini” aprendió el oficio de réferi, actividad con la que se consolidó bajo el nombre de El Terror Chino.
“La primera vez que me vi programado en la Arena México sentí una gran emoción; después me entraron los nervios cuando me enfrenté al monstruo de mil cabezas, pero bendito Dios me fue muy bien y en toda mi trayectoria me ha ido excelente”, comentó el hombre que ha impartido justicia en “el ring sagrado” durante 34 años.
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Con paso lento, consecuencia de los años entregados a la lucha libre, el Terror Chino recuerda la mejor lucha que le tocó referear en su carrera.
“Uno de los encuentros que tengo grabados es el de Negro Casas y Blue Panther, en el que empataron y los pelaron a los dos”, recordó.
Con la emoción a flor de piel, Terror Chino da unas palabras a su casa.
“A la Arena México le doy las infinitas gracias porque aquí he sacado a mi familia adelante. Si volviera a nacer, volvería a ser réferi”, compartió.
Gabriela Olvera narra su experiencia como acomodadora
Gabriela Olvera, quien se desempeña como acomodadora, antes de comenzar su jornada laboral, pasa al altar de la Virgen de Guadalupe, ubicado en uno de los pasillos de la Arena México, para dar gracias por haber llegado con bien y encomendar sus labores. Aunque comenzó como vendedora hace 32 años, desde hace 25 es una de los 60 acomodadores que guían a los aficionados a sus butacas.
“A todos les damos la bienvenida y les solicitamos sus boletos para llevarlos a su lugar. Contamos con capacitación para recibir a la gente, pero cada uno le pone su toque especial para llamar al público y dar un buen servicio para recibir una buena propina”, compartió.
Gabriela recuerda con una sonrisa el día que le tocó ser parte del espectáculo de forma inesperada. “Cuando vendía palomitas, iba con mi canasta bajando por la puerta 1. Estaba luchando el Perro Aguayo, bajó del ring y me quiso quitar la canasta; yo se la jalaba para que no se la llevara. Después mis compañeros me dijeron que se la hubiera dejado, ¡que me la pagaban al doble!”, relató.
Aficionada de Místico y Ángel de Oro, Gabriela envió un mensaje para la festejada. “Muchas felicidades a la Arena México. Que cumpla muchos años más para que siga todo lo bueno que nos da”, concluyó.
Jorge Arenas vela por la seguridad de los asistentes en la Arena México
Jorge Arenas, quien se desempeña como personal de seguridad junto a otros 135 integrantes del staff, vigila que todo esté en completo orden durante las funciones de lucha libre en la “México Catedral”.
“Actualmente, estoy comisionado a la zona del restaurante; ahí recibimos a la gente y cuidamos que la pasen bien. Si vemos que algo anómalo ocurre, lo reportamos”, señaló el hombre que este 2026 cumplirá 20 años de servicio.
El guardia de seguridad pidió a los aficionados que pasen la voz de que en este sitio estarán seguros mientras vienen a divertirse. “La Arena México es un lugar seguro. Incluso, ha habido temblores durante la función y nadie ha corrido peligro. Aquí puede venir toda la familia a disfrutar”, comentó.
“Aquí he conocido a mucha gente, y 70 años se dicen fácil, así que ¡muchas felicidades!”, concluyó.
David Victoria, el hombre que quiere terminar su vida laboral en la Arena México
David Victoria, quien se desempeña como almacenista, se encarga de entregar a los vendedores todo lo que necesitan para su jornada. Desde hace 34 años, disfruta de este ambiente que le apasiona desde temprana edad.
“Empecé como vendedor de tortas, cervecero, dulcero y ayudante de la bodega de la Arena Pista Revolución. Después llegué aquí; fui barrendero del estacionamiento y luego pasé a la caseta. Fui vendedor otra vez, elemento de seguridad y ahora estoy en el almacén”, relató el hombre que, desde niño, pidió junto con su hermano una oportunidad para trabajar.
Seguidor de Fuerza Guerrera, David intentó ser luchador, pero la situación económica se lo impidió. Sin embargo, hoy se encuentra en el lugar donde siempre quiso estar.
“Deseo que la Arena México siga adelante, que siga creciendo para que nunca se pierda este deporte familiar y que me permita terminar mi vida laboral aquí”, manifestó.
Alma Álvarez, la mujer con una labor más pesada que el de los luchadores
Alma Álvarez, es personal de limpieza y tiene más de 35 años laborando en el departamento de limpieza de la Arena México, una labor que a veces resulta más ruda que la de quienes azotan su cuerpo sobre el cuadrilátero. “Algunos aficionados son muy limpios; otros, en cambio, parece que están acostumbrados a que en su casa les hagan todo y dejan sucio su espacio. Normalmente, cuando la gente nos ve ahí dentro, ya no ensucian tanto, aunque los hombres siguen sin bajarle a la palanca del agua”, compartió.
Aunque reconoce que a veces se asoma a ver lo que pasa en el ring, su mejor anécdota sucedió cuando se desempeñaba como vendedora: “Tuve a mis pies al Rayo de Jalisco porque lo estaba persiguiendo Black Magic; ¡sentí mucha emoción!”, relató.
Por el aniversario, le dedica unas palabras a la Arena México. “Muchas felicidades y gracias por darnos trabajo”, dijo.
Gracias por abrirnos las puertas para trabajar: Martha Enriqueta, vendedora de la Arena México
Martha Enriqueta, pertenece al grupo de 130 vendedores que abastecen de botanas y bebidas a los aficionados que, función tras función, consumen los productos de la Arena México. Desde hace 15 años, trabaja en este recinto; actualmente, se encuentra en un punto de venta de “micheladas”, donde se sirven cervezas, agua y refrescos.
“Cuando entré a trabajar a la Arena comencé en los baños; luego me pasé a la cervecería y no me han movido de aquí”, contó.
Su luchador favorito es Mr. Niebla, a quien recuerda con mucho cariño; sin embargo, reconoce que no hay tiempo para disfrutarlos.
A todos los atendemos con mucho gusto y no me puedo mover de aquí para disfrutar las luchas; el tiempo se nos pasa volando”, reveló la vendedora.
A su segunda casa, le dedica este mensaje final: “Gracias por abrirnos las puertas para trabajar, porque de aquí sale el sustento para cubrir nuestras necesidades”, concluyó.








