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@LeoAgusto

Zoé Robledo, efecto nocebo

Lun, 27/05/2019 - 09:17

Si algo puede salir mal, saldrá mal, dice la primera ley de Murphy. La solución a la mediática crisis del abasto de medicamentos es sólo una pequeña parte del problema sistémico que atraviesa la salud pública en México.

Porque estamos frente a un gabinete lleno de floreros, porque las decisiones en materia de administración y finanzas de todas las secretarías y entidades como el IMSS se manejan desde la oficialía mayor de la Secretaría de Hacienda. En principio, como su nombre lo indica, se trata de un seguro social creado en tiempos de la justicia social donde el dueño no es el gobierno, sino los trabajadores y patrones que lo sostienen con sus cuotas y el gobierno lo administra. 

Bajo este nuevo modelo de gestión, el IMSS ya ha tenido costos en términos de vidas humanas, aunque los datos no son públicos aún. Lo serán al cierre de año y esta vez no podrán ser maquillados porque legalmente no se puede enterrar o cremar a ningún difunto sin la expedición del certificado correspondiente por el juez del registro civil. Así que las cifras serán duras y sin lugar a “otros datos”, cuando se note el pico en los fallecimientos durante el periodo donde no se liberaron los recursos al IMSS. 

Pero la parte más grave no está en este coma inducido al que sometieron al IMSS con el desabasto de medicamentos. No, señor.

Cuadros administrativos calificados en salud pública de todas las direcciones, en todos los niveles, fueron despedidos para dar paso a las cuotas políticas electorales en todas las áreas de la Ciudad de México, mientras que la situación en los estados del país es aún más grave, porque el 40% del personal será despedido y esas plazas no quedarán al servicio del IMSS, sino de los superdelegados federales que gastarán así el dinero de las cuotas de los asegurados en grillas locales.

Porque a la 4T no le podrán gustar los aviones, especialmente aquellos que no tiene ni Obama, pero le encanta el carro completo y cada año en elecciones hay un modelo nuevo. 

El exsenador Zoé Robledo, con nula experiencia en el sector pero con gran talento político, poco podrá hacer bajo este modelo de administración donde un subalterno no está obligado a reportarle nada directamente, todo se maneja en Hacienda.

Pero el director asumirá legal y políticamente los costos de adornar la mesa de la dirección general del Instituto. 

Desde una posición “florero”, Zoé será un efecto nocebo para el IMSS. Según la Wikipedia, el nocebo es un adjetivo que se usa para calificar a “las respuestas o reacciones dañinas, desagradables e indeseables que manifiesta un sujeto al administrarle un compuesto farmacológicamente inerte, de tal manera que las respuestas orgánicas del sujeto no fueron generadas químicamente”. Es decir, ante la sospecha de que cualquier cosa vaya mal, seguramente irá mal. Y el país no está listo para enfrentar una crisis sanitaria con un IMSS que va en caída libre hacia el cambio verdadero. 

@LeoAgusto
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