Lo que para cualquier gato sería una tarde entre siestas, croquetas y travesuras, para los integrantes de los ‘Amazing Acro-Cats’ significa saltar aros, caminar sobre una cuerda, subirse a patinetas, brincar desde plataformas y hasta tocar instrumentos frente al público.
Detrás de esta peculiar compañía está Samantha Martin, entrenadora que convirtió a un grupo de gatos rescatados en toda una troupe felina. La idea nació con Tuna, una gata que se convirtió en la primera estrella del espectáculo y que incluso aprendió a tocar la cencerra dentro de la banda.
Pero conseguir que un michi haga caso no es precisamente tarea sencilla. Martin utiliza entrenamiento con clicker y premios, mediante refuerzo positivo, para que cada gato aprenda de acuerdo con su personalidad y sus propias habilidades.
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Y aquí viene la parte más felina del asunto: si un gato no quiere trabajar, no trabaja. Puede abandonar el escenario, ponerse a acicalarse o simplemente ignorar la orden. Porque, al parecer, hasta las estrellas tienen derecho a decir: “hoy no, humano”.
Fuera del escenario tampoco hay descanso para el equipo. Durante las giras deben encargarse de comida, agua, premios, mimos y, por supuesto, de limpiar los numerosos areneros que viajan dentro del autobús de la compañía, conocido como el Catmóvil.
Los ‘Amazing Acro-Cats’ pueden pasar meses recorriendo distintas ciudades de Estados Unidos y actualmente llevan más de una docena de gatos a sus presentaciones.
Pero detrás de las piruetas, los aplausos y los maullidos existe una historia todavía más especial: muchos de estos gatos fueron huérfanos, callejeros o rescatados antes de encontrar una segunda oportunidad junto a Martin.
El espectáculo forma parte de Rock Cats Rescue, organización dedicada al bienestar, entrenamiento y adopción de gatos, además de colaborar con refugios durante las ciudades que visita la compañía.
Así que estos michis no sólo aprendieron trucos: pasaron de buscar un hogar a tener su propio escenario, público y hasta banda musical. Nada mal para unos gatos que alguna vez sólo necesitaban una segunda oportunidad.