PREGUNTA
Llevo un año sin tener intimidad con nadie; no tengo pareja ni disposición para una, pero no sé cómo manejar la necesidad de hacerlo porque me siento culpable si tengo “un algo” casual. Aparte, mi única experiencia fue pésima y no le tengo esperanza, pero no sé cómo sacarme esos pensamientos. Vale B.
RESPUESTA
Lidiar con las ganas después de un año de pausa y cargar al mismo tiempo con la culpa es un desgaste horrible. El cuerpo responde a impulsos que no deberíamos juzgar, pero arrastramos ideas muy arraigadas que nos hacen sentir mal por experimentar deseo. A eso súmale tu experiencia desastrosa que te dejó en alerta, haciendo que cualquier antojo se sienta como una amenaza en lugar de un espacio de puro gozo. Tienes todo el derecho del mundo a mantenerte soltera y a decidir que los encuentros casuales no son lo tuyo, sobre todo si no te sientes lista. Una forma muy sana de calmar ese ruido mental sin forzarte a salir con nadie es canalizar la energía hacia el autocuidado, redescubre el placer en solitario a tu ritmo y sin juicios. Cuando comprendes que tu cuerpo te pertenece y que no tienes que cumplir expectativas de nadie, el agobio empieza a ceder terreno.
PREGUNTA
Será necesario hablar de los fetiches sexuales con mi nueva novia? Por ejemplo, amo ser dominado y me encanta lamer pies, pero no sé cómo tratarlo ni cómo llevarlo de la mejor manera. Fer T.
RESPUESTA
Tocar esos temas con una pareja nueva siempre da un poco de estrés, pero hacerlo es necesario para no vivir la intimidad a medias o con miedo. Guardarse un fetiche por pena suele convertirse en una carga mental muy pesada, aunque soltar esa conversación de golpe en la primera cita tampoco es la mejor idea si aún falta confianza. Un buen camino es esperar a tener un momento de tranquilidad, fuera de la cama y sin prisas, donde ambos puedan platicar de fantasías en un tono relajado. Puedes tantear el terreno preguntándole primero qué cosas le gustaría probar a ella, abriendo el diálogo de manera natural. Cuando compartas tus preferencias por la sumisión o el gusto por los pies, comunícalo siempre desde el deseo y el juego de mutuo acuerdo, aclarando que se trata de sumar complicidad. Si ella se muestra receptiva, irán explorando pasito a pasito; y si de entrada no le checa, sabrás que hay que negociar los límites con respeto mutuo.
PREGUNTA
Últimamente veo muchos consejos de que lo mejor es dormir sin ropa interior. ¿Por qué? ¿En el día a día también sería lo más recomendable? Cata R
RESPUESTA
Esa recomendación que anda rondando en las redes sociales tiene una base médica muy sensata. Durante las horas de sueño, dejar de lado la ropa interior permite que la zona íntima respire y se mantenga fresca y seca. Las prendas ajustadas (sobre todo si son de materiales sintéticos como el poliéster) atrapan el calor y la humedad natural del cuerpo, creando el microclima ideal para que los hongos y las bacterias proliferen a sus anchas y causen molestias. Ahora bien, llevar esa misma libertad al día a día no siempre resulta práctico. La ropa exterior, como los pantalones de mezclilla, genera una fricción directa contra la piel que puede llegar a lastimar si no hay una tela intermedia de algodón que proteja y absorba el flujo diario. Lo ideal es encontrar un punto medio: aprovecha las noches para darle total libertad y ventilación a tu cuerpo, y durante el día opta por prendas interiores de algodón que sean cómodas y transpirables, guardando el descanso sin ropa para cuando estés en casa.