PREGUNTA
Mi pareja me pidió que le apretara el cuello mientras teníamos intimidad. Me dio terror porque no quiero lastimarlo, pero él dice que así siente más. ¿Qué tan seguro es eso del ahogamiento? Liliana D.
RESPUESTA
Lili, toma nota, eso se llama hipoxifilia o asfixia erótica. La idea es reducir el oxígeno que llega al cerebro para que, al llegar el orgasmo, la falta de aire potencie la sensación de euforia. Es una práctica peligrosa porque la línea entre sentir rico y un daño cerebral o la muerte es milimétrica. Si deciden hacerlo, NUNCA usen cuerdas, cinturones o las dos manos cerrando la tráquea (la parte de enfrente). Sólo se debe hacer con una presión leve en los costados del cuello (carótidas) y por segundos. La regla de oro: si la persona no puede hablar para decir la palabra de seguridad, el juego se acaba. Yo te diría que mejor busquen esa adrenalina con otras cosas (hielo, vendas, nalgadas), porque un error de tres segundos en el cuello puede cambiarles la vida para siempre de forma trágica.
PREGUNTA
Tengo una duda, ¿usar lubricante significa que ella no está lo suficientemente excitada o que yo no lo estoy haciendo bien? Me da cosa proponérselo a mi chica, porque no quiero que se sienta mal. Andrés V.
RESPUESTA
¡Para nada, Andrés! Ese es uno de los mitos más absurdos que existen. La lubricación natural puede variar por mil cosas: el ciclo menstrual, el cansancio, el uso de anticonceptivos o incluso si tomó poca agua ese día. Usar lubricante no es una crítica a tu desempeño, es una herramienta para el placer. El lubricante permite que el acto dure más tiempo sin irritaciones y ayuda a explorar nuevas posiciones o juguetes. Hay de sabores, con efecto calor o frío, retardantes y los de base agua son súper seguros. Proponlo como un extra para el jugueteo, no como una solución a un problema. Te propongo que le digas: “Oye, compré esto para que sintamos más rico, ¿lo probamos?”. Vas a ver que se vuelve mucho más fluido y divertido. Nadie se queja de que todo en la cama resbale más rico.
PREGUNTA
Desde los nueve años, luego de que unos primos me mostraron videos pornos, vivo con pensamientos impulsivos con cualquier persona que veo, incluso imaginando situaciones de abuso. Me gusta la excitación que provoca, pero me repugna mi mente. Trato de no tocarme porque me siento sucio. ¿Por qué no puedo parar estos pensamientos y qué hago para recuperar el control? César N.
RESPUESTA
César, lo primero es no castigarte. Tú no elegiste tener esos pensamientos y no te hacen una mala persona. La exposición temprana al contenido de ese tipo, puede provocar ideas intrusivas después. Al ver esos videos a los nueve años tu cerebro aún no estaba listo para procesar esa información y aprendió que esa era la forma de excitarse y liberar dopamina, por lo que ahora lo hace de forma automática como un “tic”. El hecho de que te guste, pero te asuste, los psicólogos lo llaman “disonancia cognitiva”; es decir, tu cuerpo responde al estímulo (excitación), pero tus valores lo rechazan. No eres un pervertido, sólo tienes una fijación mental que se volvió un hábito compulsivo. Mientras más peleas contra el pensamiento y más te dices ‘qué asco’, más fuerza le das al pensamiento. No te agobies, busca un terapeuta enfocado en sexualidad, él te puede dar herramientas para trabajar sobre esos impulsos mentales. No tienes que cargar esto solo.