RELATOS SEXUALES

“Me senté en su cara y lo cacheteé con mis petacas”, por Helena la Mala

“Me senté en su cara y lo cacheteé con mis petacas”, por Helena la Mala

(Foto: Rosalío Huizar, El Gráfico)

Sexo 04/05/2022 15:31 Helena Danae Actualizada 15:31
 

Hola mis amores, ¡feliz miércoles! Hoy quiero que imaginen cómo fue la vista de mi pareja, mejor conocido como don Heleno, mientras cogíamos después de darnos una vuelta por la Feria de San Marcos.

Llegamos a la casa, luego de mucho caminar; en cuanto entramos a la casa, me quité los zapatos y me sentí aliviada, me di un regaderazo. Cuando salí del baño, él estaba acostado en la cama. Noté cómo me veía mientras me ponía crema y, en un momento de travesura, caminé hacia él. 

Imagínate verme desnuda acercándome hacia ti y dejando que mis tetas reboten. Llegando con él me hice la loca, tomé el control de la tele y me senté a su lado para encenderla. 

Vi que se resignó a que ya estaba demasiado cansada y no pasaría nada. Entonces, me puse de pie y me senté sobre su cara y solo le dije: “Lo siento, la cama no está tan cómoda. ¿Me dejas quedarme aquí mientras veo la tele?”

Quedé apoyada sobre mis rodillas para no dejarle caer todo mi peso en su cara y dejarlo respirar. 

Imagíname sentada en tu cara, viendo mi espalda desnuda y las montañas que forman mis nalgas, poder acariciar mi cabello rizado, mientras tu lengua se pasea libre por mis labios. Eso fue lo que vio e hizo don Heleno. 

En esa posición, él solo debía levantar y bajar su barbilla para pasar su lengua desde adelante hasta atrás de mi centro, dejándome bien mojada. 

Aunque no alcanzaba a llegar muy bien a mi clítoris, por lo que me levantó de su cara y me acostó en la cama. Ahí logró su cometido: hacerme llegar a un orgasmo de una manera deliciosa. Succionando y dándole un masaje espectacular a mi clítoris con su lengua. 

Una de sus manos estaba dejando que sus dedos entraran y salieran de mí, pero la otra mano estaba fuera de mi vista. Tuve un orgasmo tras otro, hasta que mi clítoris estaba tan hinchado, que solo sentir su respiración me estremecía.

Me puse de pie y no vi su otra mano; lo delató su semen regado por el piso. Mientras me daba sexo oral, él estuvo jalándosela. Tal vez por eso el trabajito terminó tan bien, ya que él también disfrutaba por verme gozar. 

Espero que sueñen con estas imágenes que tuvieron en su cabeza al leerme. Ya saben que siempre estoy ansiosa de que me tengan en sus manos. Les mando amor y bonita vibra.

Imagíname sentada en tu cara, viendo mi espalda desnuda y las montañas que forman mis nalgas”.

Comentarios