RELATOS SEXUALES

“Con la maestría de su lengua, me hizo explotar en la posición más rica”, por Lulú Petite

“Con la maestría de su lengua, me hizo explotar en la posición más rica”, por Lulú Petite

“Con la maestría de su lengua, me hizo explotar en la posición más rica”, por Lulú Petite (Foto: Especial)

Sexo 08/11/2022 16:05 Lulú Petite Actualizada 14:32
 

Querido diario: Estábamos en la cama. Besándonos y tocándonos. Su mano en mi nuca, su boca en mi cuello, su aroma delicioso. 

Me encantó cuando comenzó a agarrarme las nalgas y cuando me puso en cuatro, levantó mi falda y me bajó la lencería.

Se sentó a un lado mío y siguió tocándome, apretando mis nalgas, separándolas, besándolas, comiéndomelas. 

Luego, con sus deditos se puso a jugar en mi sexo. Me lo tocaba provocándome sacudidas deliciosas. Lentamente, se acostó boca arriba entre mis piernas, sacó la lengua y se puso a comerme el sexo. Me jaló de la cintura para que me sentara en su cara. 

Lo hice con cuidado para no cortarle la respiración. Sentía riquísima su boca en mi vulva. Estiré mi mano y, bajo su pantalón, sentí el bulto enorme de un pene erecto y delicioso.

Él se bajó la bragueta y liberó su sexo. Estaba tibio y durísimo. Comencé a masturbarle sintiendo la textura de su piel, sus venas, el líquido preseminal que mojaba un poco mi mano y hacía más viscosa la masturbación. Sentí unas ganas enormes de chupársela.

Alcancé un condón, sin quitar mi sexo de su cara. Abrí el empaque y, después de masturbarlo un poco, me doblé sobre mi cuerpo, le puse el condón con los labios y comencé a chupársela.

¡Caramba! Cómo me excitan los hombres que huelen rico. Con su sexo en mi garganta y su boca en mi clítoris llegó el momento en el que no pude más. 

Un orgasmo me explotó con tanta intensidad que me la saqué de la boca y dejé de chupar para gemir con fuerza y disfrutar a plenitud.

En ese momento, él se quitó el condón y se masturbó para no interrumpir lo que la mamada le estaba provocando. 

Aulló, se vino y un disparo de semen brincó hacia el cielo y cayó en su vientre. Se lo limpié con una toalla húmeda y me recosté a su lado.

¡Qué rico! Pensaba mirando al techo. No cabe duda que el sesenta y nueve nunca pasará de moda.

Hasta el jueves, Lulú Petite

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