RELATOS SEXUALES

“Un vaivén muy cachondo y exquisito, el mejor remedio para los nervios”, por Lulú Petite

“Un vaivén muy cachondo y exquisito, el mejor remedio para los nervios”, por Lulú Petite

(Foto: Archivo, El Gráfico)

Sexo 16/06/2022 14:08 Lulú Petite Actualizada 14:08
 

Querido diario: Llamo a la puerta en la habitación 405. Me abre un hombre joven, con playera negra, lentes de pasta negros, mirada tímida, sonrisa escurridiza y carita rechoncha. Sonríe y me invita a pasar. Se ve intranquilo.

Me toma de las manos y se las siento sudorosas. Está nervioso. Es la primera vez que paga por sexo.

Está un poco rechoncho y, aunque no es virgen, me cuenta que tiene poca experiencia. Es tímido y no sabe acercarse a una mujer, enamorarla, mucho menos llevarla a la cama.

Le pido que se calme, le propongo que nos desnudemos y se recueste boca abajo con los ojitos cerrados. Le daré un masaje.

Comienzo por acariciar su espalda suavemente, dejando que las puntas de mi cabello deambulen por su piel. De cuando en cuando deposito algunos besos de piquito en su espalda blanca. Cuando está completamente relajado le pido que se volteé.

Aprieto sus pies, con un masaje fuerte y relajante. Voy subiendo mis manos por sus pantorrillas y muslos, llego a sus testículos y él respinga, de inmediato su miembro se levanta en una erección potente. Un pene largo, con la punta redonda y muy rosa. Una gota transparente de líquido viscoso sale del ojito. Tomo un condón, se lo pongo con la boca y comienzo a chupársela.

Él retira el cabello de mi rostro para ver mi boca comiéndose su sexo, estira la mano y me alcanza un seno. Lo acaricia con suavidad.

Su respiración se agita. Tomo el miembro erecto y me siento en él, mirándolo a los ojos, él toma mis pechos y los aprieta, mientras yo me clavo su erección, comienzo a moverme hacia delante y hacia atrás; con el vaivén, en apenas unos segundos, él aúlla y apretando más mis pechos, tensa el cuerpo y deja ir en el condón toda su simiente.

Ya no tiembla, ya no suda frío, ya no está inquieto. Ahora sonríe satisfecho. Nada cura los nervios como un buen orgasmo.

Hasta el martes, Lulú Petite

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