RELATOS ERÓTICOS

“Un exquisito éxtasis a puras lamidas, gracias a mi regordete hermoso”, por Lulú Petite

“Un exquisito éxtasis a puras lamidas, gracias a mi regordete hermoso”, por Lulú Petite

(Foto: Archivo, El Gráfico)

Sexo 30/06/2022 15:04 Lulú Petite Actualizada 15:04
 

Querido diario: Hace tiempo trabajaba aún en agencia. Era época de grandes fiestas y tremendas orgías. Aquella vez éramos cinco chicas con cinco clientes.

Yo estaba en un sillón donde un cuarentón simpático, un poco calvo y regordete, me metía mano mientras contaba anécdotas de su trabajo. A unos metros, un tipo, también en sus cuarenta, besaba a una rubia hermosísima al pie de las escaleras.

Me les quedé mirando, encantada por la belleza de mi colega. Alta, de piernas delineadas, coronadas por unas nalgas redondas y prominentes, perfectamente levantadas. Sus senos, pequeños pero redondos y perfectos, adornados por pezones rosas, como gomas de un lápiz.

El hombre, delgado y correoso, con cara de salvaje, le comía los pezones a la mujer con tanta hambre que lucía desesperado, mientras sus manos apretaban la piel de sus senos fuertemente, ella volteó. Notó que la estaba viendo y me miró fijamente, dibujando en sus labios una sonrisa pícara, cómplice.

Para ese momento, mi regordete hermoso ya había pasado de las palabras a los hechos y, como el tipo de enfrente, me había sacado las tetas y comenzaba a lamerlas. Lo hacía bien, me gustaba porque no quitaba la mirada de mis vecinos.

Ella se puso de rodillas y, como si lo hiciera para mí, volvió a sonreír mirándome a los ojos y se metió en la boca el miembro enorme y durísimo del tipo correoso. Mi regordete metió su cabeza entre mis piernas y comenzó a lamer.

Con mis ojos en la mujer chupando cruda esa erección y mis demás sentidos gozando cómo aquel hombre me comía de manera sorprendentemente deliciosa, vi cuando el vecino de enfrente vació un chorro de leche espumosa en la boca de mi colega, y un orgasmo inmenso me explotó.

Poco después supe que la rubia hermosa no era colega, sino la dueña de la casa y el que se la cogió, era su marido. Gocé esa noche.

Hasta el martes, Lulú Petite

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