¿Te comparas con los demás?

Compararnos nos lleva a enfocarnos en lo que nos falta, lo que nos deja frustrados
10/09/2019 - 09:54

Continuamente nos comparamos con los demás, de una forma u otra, algunos más que otros. Las oportunidades para compararnos abundan, el número de personas con las que nos podemos comparar es infinito. Tratar de encontrar diferencias es una receta para la desdicha. Es la forma más rápida de llegar a la insatisfacción, la ansiedad y la devaluación de nosotros mismos.

Con frecuencia, al compararnos con alguien en una mejor posición que nosotros sólo vemos el resultado y perdemos de vista el esfuerzo y el trabajo detrás de sus logros. Compararnos nos lleva a enfocarnos en lo que nos falta, lo que nos disgusta de nosotros mismos y de nuestra vida. Esto nos deja frustrados, ansiosos y muchas veces nos impide avanzar en nuestros proyectos o planes. Nos quita mucho tiempo y energía necesarios para alcanzar nuestras metas.

¿Has notado que la evaluación y comparación se potencia en las redes sociales? Es difícil abstenerse de compararse con los contactos, quienes parecen tener una gran vida social, comer delicioso todos los días, vacacionar con frecuencia y gozar de una dicha envidiable.

Es fácil perder de vista que la vida en Facebook no es la vida real- En las redes sociales mostramos sólo una pequeña parte de quienes somos y de nuestra vida. Así, generamos sentimientos de envidia, inferioridad y de poca valía, que preparan el camino hacia el estrés, la ansiedad y la depresión.

¿Compararte tiene un lado positivo? Medirte con respecto a otros puede ser de utilidad, si usas esa comparación para aprender de ellos, por ejemplo, acerca de cómo cultivan buenas relaciones con sus compañeros de trabajo. Compararte con quien tiene mayores habilidades que tú puede motivarte a hacer un mayor esfuerzo para llegar a donde deseas. Compararte con quien no es tan dedicado a su trabajo puede también ser fuente de motivación y orgullo.

Sin embargo, es inútil que te compares en cuestiones sobre las que no tienes control o que no decides tú, por ejemplo, “Ella es más bella de lo que yo podré llegar a ser”. Fuera de aprender de las fortalezas del otro y de nuestras debilidades, no hay un verdadero beneficio en la comparación.

¿Cómo salir del juego de la comparación? 

Aquí hay algunas ideas para dejar de torturarte al evaluarte con respecto a los demás:

Recuerda, la vida no es una competencia. La vida es un viaje, todos estamos en el mismo viaje. Todos queremos conseguir algo y hacemos el mayor esfuerzo para aprender, crecer, crear, salir a delante. En lugar de concentrarte en lo bien que les va a los demás o qué tanto tienen, enfócate en lo que quieres hacer y hacia dónde quieres ir. Aprender de quienes han llegado hasta donde deseas llegar puede ser de mucha utilidad.

Valora lo que tienes. Hazte consciente de que lo que tienes es suficiente, por el momento.

Aprécialo. Evita caer en este ciclo eterno: si siempre estás deseando lo que otros tienen, nunca te vas a sentir satisfecho y esto te llevará a buscar más.

Cuida tu propio jardín. Si dedicas todo tu tiempo y tu atención al jardín de tu vecino, las plantas en tu propio jardín no van a crecer. Cuando te enfocas por completo en otras personas, sus logros y sus habilidades, pierdes energía y tiempo valiosos que podrías estar invirtiendo en ti mismo, creando, atendiendo tus proyectos.

Olvídate de los “debería”. Pon atención a estas ideas repetitivas o que pasan por tu cabeza: “Para estas alturas de mi vida ya debería tener…” o “Debería haber llegado más lejos en…”. Detrás de estos pensamientos hay una gran exigencia de cómo deberían ser las cosas. Generalmente son ideas ajenas, adoptadas sin pensar.

 

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