¿Huyes del dolor?

Cuando pierdes a una persona querida, un trabajo o un bien material “duele”, pero muchas veces buscamos evadir esa emoción con alguna adicción
Víctor Jiménez
20/11/2018 - 05:18

Todos sentimos dolor, en un momento u otro, en mayor o menor medida, de una forma u otra. El dolor viene con las pérdidas, de una persona querida, un bien material, el trabajo, la salud. Tratamos por todos los medios de controlar ese dolor y buscar formas de anestesiarlo, alejarnos de él. Pero algunas de nuestras acciones para mantenerlo a raya son contraproducentes: el abuso de sustancias como el alcohol, la comida o las drogas; la adicción al sexo y las relaciones; el perfeccionismo.

Abuso de sustancias. Tratar de controlar el dolor a través del alcohol, la comida o las drogas es un error. El alcohol nos da, temporal y artificialmente, algo que creemos no tener: la sensación de poder a quien se siente impotente; valor y seguridad a quien se siente inseguro; extroversión a quien es tímido; relajación a quien vive con mucha tensión. Recurrimos a la ingesta excesiva de comida (atracones) para hacer calmar el dolor, muchas veces inconsciente. Las dietas excesivas son también un intento artificial y equivocado de obtener control y poder, cuando nos sentimos indefensos, abrumados o desorientados. Son formas de lidiar con el enojo, la vergüenza, el dolor.

Ser conscientes de esto puede ayudarnos a tomar mejores decisiones acerca de lo que hacemos con nuestras emociones. Podemos aprender a estar con ellas, a conocerlas, a no temerlas, a procesarlas y dejar que pasen, en lugar de intentar por medios dañinos de eliminarlas.

“No puedo dejar de…” Usamos la actividad compulsiva, incluso actividades como el ejercicio o el trabajo, para controlar nuestras emociones y huir del malestar. Buscamos algo que nos libere del intenso temor y soledad, una experiencia que cambie nuestro estado de ánimo. Recurrimos a nuestra forma favorita de escape para distanciarnos o distraernos, para sacar el dolor, el miedo y el enojo de nuestra mente. Así tratamos de encontrar alivio al dolor de la vergüenza profunda, de la sensación de ser defectuoso o la única persona a la que le sucede eso que experimentamos.

Otras veces, ponemos toda nuestra expectativa de bienestar en alguien más. La dependencia de otra persona para sentirnos valiosos y amados es otro intento de deshacernos de la vergüenza que en el fondo sentimos por ser quienes somos. La adicción al sexo puede ser una forma ilusoria de recuperar la sensación de poder, experimentar la anhelada calidez emocional de ser amados y reconocidos. Cualquier actividad que nos vemos “obligados” a realizar obsesivamente puede ser una forma de lidiar con el dolor inconsciente que albergamos en nuestro ser.

Perfeccionismo. Algunos nos conducimos bajo esta idea: “Sin importar lo que haga y cuánto haga, nunca es suficiente”. El perfeccionismo es una estrategia para encontrar alivio al dolor derivado de creer que no somos lo suficientemente buenos, valiosos, dignos de ser amados. Imaginamos, erróneamente, que si nuestro comportamiento es perfecto podremos evitar cualquier dolor: ser criticados, rechazados o humillados. El perfeccionismo es una manera de mitigar el dolor por la falta de reconocimiento, atención y aprobación. Comencemos por reconocer que lo que hacemos es suficiente, que somos suficientemente buenos en lo que hacemos. Este es un buen punto de partida hacia la aprobación propia.

Le tememos tanto al dolor que estamos dispuestos a hacer cualquier cosa,  como caer en una adicción para anestesiarnos. Quizás si nos animáramos a experimentar el dolor, familiarizarnos con él, estas conductas no serían necesarias y seríamos más congruentes y honestos con nosotros mismos.

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