CALVARIO

Personas discapacitadas hacen misión suicida al moverse por calles

Utilizar silla de ruedas en la ciudad es todo un reto, ya que las calles tienen baches o no sirven los elevadores de los puentes vehiculares

Ricardo Lugo, El Gráfico

Ricardo Lugo, El Gráfico

Querétaro 29/06/2017 20:03 Redacción Actualizada 20:10
 

Paulina Rosales

Cerca de 36 mil queretanos tienen dificultades para caminar y las obras para mejorar su movilidad son insuficientes y otras no funcionan, como el elevador del puente peatonal Constituyentes, según se constantó en un ejercicio efectuado por este diario. 

Son poco más de las 9 de la mañana en la capital y mi próximo destino es un puente peatonal con elevadores para personas con discapacidad, el oasis para aquellos que utilizan, como yo, una silla de ruedas.

Coloco ambas manos sobre las llantas y me muevo rápidamente, parece sencillo, pero el camino está lleno de baches y la grava se desprende.

El puente peatonal con elevadores está ubicado en Paseo Constituyentes. Su inauguración se realizó en 2007, durante la administración del gobernador panista Francisco Garrido Patrón; sin embargo, después de 10 años es obsoleto.

Para atravesar la avenida con una silla de ruedas sólo hay una alternativa posible: cruzar el puente de casi siete metros de altura, que tienen alrededor de 20 escalones.

Buenas tardes, ¿sabes cómo puedo atravesar la calle?, le pregunto a un hombre que espera el autobús. Antes de dar una respuesta me mira fijamente. Lo duda bastante. 

¿El elevador? Nunca ha funcionado, responde. Cruzar la avenida es imposible, dice, pasan muchos carros y es peligroso. Subir los escalones, tampoco es la mejor opción. Insiste en que no puede ayudarme solo, necesita ayuda.

¿Cómo has llegado a este lado de la avenida?, me pregunta antes de decidirse a ayudarme. 

—Estoy visitando a unos familiares. Llegué en coche, pero quiero regresar a mi casa que está del otro lado del puente, le respondo para disipar sus dudas y encarar su reproche por andar sola en silla.

El hombre pide ayuda a un chico que escucha música a través de sus audífonos. Me cargan entre los dos y subo las escaleras con la silla.

Después de cinco minutos que se me hicieron eternos, llegamos a la cima del puente. El chico de los auriculares desaparece y el hombre luce un poco decepcionado; hay que esperar a una segunda persona para bajar las escaleras.

Un segundo ayudante aparece y me baja sujetando la silla de ruedas con fuerza. 

Me despido de las primeras personas que me brindan ayuda y avanzo al interior de San José de los Olvera, una colonia que me recibe con una banqueta estrecha y llena de huecos. Avanzo sobre mi silla y me detengo por un bache. Maniobro para seguir la marcha, pero después de unos centímetros un nuevo hueco con pasto me detiene. 

¿Te ayudó a seguir el camino?, ¿para dónde vas?, dice una mujer de edad madura, mientras decide empujar con ambas manos la silla.

Mi nuevo reto es avanzar por una calle empedrada, después de recorrer unos centímetros, me doy cuenta que es el peor error que he cometido. La silla no avanza en absoluto y mis maniobras son insuficientes. Me duelen los abrazos y después de varios minutos de estar en una cuadra, por fin consigo adentrarme en una calle pavimentada. La gloria. 

Estar en silla de ruedas y transitar por las calles donde pasan los autobuses es una hazaña suicida en Querétaro, avanzo con miedo. Después de tres autobuses me meto por una calle aledaña a la avenida Constituyentes, justo donde inició mi recorrido.

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