Sin huella de madre e hija

Desde hace un año, Liliana y su pequeña Laura desaparecieron, y de lo único que hay rastro es del mal trabajo que ha hecho la Fiscalía de Coahuila
Tanya Guerrero
16/10/2018 - 05:18

Liliana Leticia Ríos salió de la casa de su novio, la mañana del 7 de octubre de 2017. La joven de 26 años, delgada, de tez blanca y cabello a los hombros, vestía short de mezclilla, huaraches y blusa gris claro. 

Se dirigía al negocio de su ex suegra, a quien le ayudaba a despachar tortillas de harina, en la colonia Latinoamericana, en Torreón, Coahuila.

 Con ella, viajaba su hija de un año, Laura Valeria Ramos Rios, a bordo de una camioneta GMC Sierra Denali, con vidrios polarizados.

Se las trago la tierra. Tenían que llegar a las 8:30 de la mañana; pero ese día, ni madre, ni hija arribaron a su destino. Nadie sabe nada, nadie vio nada. En una hora, Liliana y Laura pasaron a formar parte de las 38 personas desaparecidas del 2017 a la fecha en el municipio de Torreón;  desde entonces, no existe un solo indicio de lo que pudo pasar con ellas.

Madre e hija llevan más de un año desaparecidas, y de lo que tampoco hay huella es del trabajo de la Fiscalía General de Justicia Delegación Laguna 1 de Torreón, Coahuila, para dar con su paradero.

Diez días después de su desaparición, la familia recibió una notificación bancaria de que la tarjeta de débito de Liliana había sido utilizada en una zona aledaña a Torreón. Notificaron a la Fiscalía, que tardó dos semanas en ubicar el lugar exacto desde donde se intentó retirar dinero, pero  para cuando los ministeriales tuvieron esta información, las imágenes de las cámaras de los lugares ya habían sido borradas. En un abrir y cerrar de ojos, las pistas se evaporaron y “lo que ese dato nos hubiera aportado, se esfumó”, comenta un familiar de la joven.

El último contacto. Se sabe que la última llamada que Liliana hizo desde su teléfono, fue a Alejandro, su pareja desde hacía ocho meses. 

Alrededor de las 7:30 de la mañana le marcó para decirle que ya iba en camino hacia su destino y que en cuanto llegara, le llamaría de nuevo. Pero esto nunca pasó.

De este dato, la familia se enteró por voz del mismo Alejandro, porque a pesar de que un día después de la desaparición se abrió la carpeta de investigación identificada con el número 00034-TOR -UIPN-2017, la Oficina de personas desaparecidas en La Laguna de Coahuila, a cargo de Fernando Vela Tafoya tardó 10 meses en entregar la sábana de llamadas del teléfono celular de la joven. 

“Decían que como la compañía de teléfono era Norteamericana, entonces era más batalloso y tardaba la solicitud para pedirla”.

Durante la investigación, los familiares trazaron la ruta que Liliana pudo haber seguido desde  la casa desde donde salió hasta su llegada al negocio, con el fin de buscar imágenes de las cámaras; sin embargo ahí tampoco hubo evidencia.

Sin alerta amber. Las autoridades también se rehusaron a activar la alerta Amber de Laura, la hija de Liliana, aludiendo de que con esto “la niña se iba a poner en peligro y le podían hacer daño”. 

Fue diez días después de la desaparición, que la Fiscalía accedió a iniciar una alerta pre- Amber y “nos hicieron firmar una carta responsiva para poder hacerlo”.

Para encontrarlas, todo ha sido fallido, nos urge información. Nada apunta hacia algún lado. Cero certezas. 

“Seguimos buscándola porque son parte de nuestra familia y nadie tiene derecho a desaparecerlas.  Las líneas de investigación se están cerrando y no hay nada concreto sobre lo que pudo haberles pasado”, comenta el familiar de la joven. 

El mensaje. Liliana, si  lees esto, si estás bien, tu familia está  preocupada. Encuentra la forma de contactarlos. Te siguen buscando.

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