Pretextos quiere el diablo

Quise decirle adiós y se me atravesaron los pretextos. Había algo en esa mujer que me atrapaba: tal vez el deseo, acaso el fuego, pero no el amor
Roberto G. Castañeda
06/12/2019 - 11:52

Maleni me encantaba. Tal vez era la seguridad en sí misma, acaso sus piernas torneadas o la manera en que vestía. Caray, a quién diablos quiero engañar. La verdad es que me encantaba el deseo en sus ojos, el fuego de su cuerpo. Físicamente Maleni era mi tipo de mujer, pero teníamos pocas cosas en común. Así que yo me inventaba excusas para minimizar sus despistes y hasta sus manías. Como el hecho de que le gustara tanto ir a los karaokes. Y que casi siempre cantara canciones de Ximena Sariñana, porque "la amo, es genial", argumentaba. A mí siempre me chocaron los karaokes y ese esfuerzo de la gente por hacer el ridículo. “Si hubiera un campeonato de cosas patéticas, cualquiera de estos cabrones levantaría el trofeo”, le comenté una vez que desfilaban toda clase de malos imitadores de Alejandro Fernández y Enrique Bunbury.  Y cuando Maleni, que no era tan desafinada, se subía a cantar siempre lograba que le aplaudieran mucho. Yo sabía que no era por su voz, sino porque siempre se veía muy bien con sus jeans ajustados y aquellas blusas que evidenciaban unos senos generosos. No había sitio al que fuéramos en el que no le tiraran la onda o le mandaran recaditos en las servilletas. ¿Por qué entonces andaba conmigo, si siempre tuvo muchos pretendientes? Habría que preguntárselo a ella. Alguna vez me comentó algo que parecía resumir  su pasión por mis besos: “Eres un hombre con carácter. Y a mí me gustan los tipos seguros, que lleven el control de una relación. Eso me hace sentir protegida”. Algo así fue lo que argumentó. A mi siempre me latió lo bien que se veía. Tenía algo que escasea en nuestros tiempos: clase, actitud. 

Por eso no era raro que algún tipo de otra mesa le sonriera. Maleni siempre los ignoraba. Bueno, no siempre, porque cuando no andábamos muy bien intentaba darme celos. Y yo, que nunca celé ni a mis hermanas, sabía mantener la calma. Como cierto día que un sujeto trajeado aprovechó que  fui al baño para acercarse a ella y le dio su tarjeta de presentación. Lo único que hice fue llegar a nuestra mesa y tocarle el hombro: “Oiga, capi, no sea malito y mándeme al mesero”. El tipo volteó sobresaltado, no supo cómo reaccionar y sólo atinó a murmurar,  “perdón, sólo le decía a la señorita...” pero lo interrumpí “no se preocupe, estamos muy bien atendidos”. Se puso rojo, apretó las mandíbulas y se largó. Maleni  no tuvo reparos en señalarme  “eres un cabrón, Roberto, por eso me encantas”. Y me besó para certificarlo. Pero a ella le gustaba provocarme y hasta me retaba “no puedo creer que no te den celos”. A veces le llamaba algún ex novio y ella se intrigaba porque no le hacía escenitas ni le reclamaba. Sólo le comentaba cosas como “algo bueno debes tener para que no te hayan olvidado aún”. Y ella me abrazaba, “eres un lindo”, pero yo evitaba  las cursilerías: “o tal vez el wey anda ebrio y sólo tiene ganas de coger”. Y ella hacía pucheros  y reviraba: “Y  cuando te lo propones, eres odioso”. Yo la contentaba con abrazos y caricias subidas de tono.

En cambio ella sí era bastante celosa. Cierta noche que salimos  a un bar, para festejar mi cumpleaños, coincidimos con una exnovia. Yo le resté importancia a la presencia de Andrea, pero Maleni se incomodó y no dejaba de besarme y abrazarme más que de costumbre. De camino al baño, me topé con Andrea, quien me sonrió de manera provocativa. Le devolví el silencioso saludo. Cuando regresé, Maleni no se contuvo: “Pinche zorra, cree que estoy pintada. Yo no sé qué le viste como para andar con ella”. Iba a enumerar sus cualidades, pero noté que no estaba para bromas.  Poco después vibró mi celular y Maleni prácticamente me lo arrancó de las manos. “Eres un feo, ya ni quieres saludarme. P.D. Te ves muy bien”, era el mensaje de Andrea. Y Maleni se puso como loca. “Sabes qué, no soy tu pendeja, quédate a seguir coqueteando porque yo me largo”, tomó su bolso y enfiló a la salida. Yo di un sorbo a mi vaso. Mi cuate Gerardo me observó como preguntando qué-vas-a-hacer. No hice nada. Ella volvió después de fumar. "De idiota te dejo solito, con esa zorra merodeando". Pedí otra ronda.

Llegando a casa hicimos el amor como siempre y como nunca. Luego se acurrucó y pensó en voz alta que "nunca me dejes". La abracé con fuerza y ella prometió dejar de ser tan celosa. Pero se quedó en promesa y el fuego se fue extinguiendo. El día que terminamos era un sábado  y sonaba algo de Los Secretos durante la despedida: “La cruda realidad, castillos en el aire./ Correr sin descansar por la tierra de nadie,/ donde entonces tampoco encontré qué voy buscando./ Qué busco sin parar, qué busco con tanta prisa... Maleni juró que un día iría a buscarla. En eso se ha equivocado. Yo aún me sigo preguntando ¿por qué se empeñan en ponernos a prueba?, ¿por qué creen que si no eres celoso entonces no las quieres? Los celos son un invento del diablo, para divertirse a nuestras costillas.

[email protected]

TUS COMENTARIOS