Te soñé anoche

Lulú Petite
17/10/2019 - 10:26

Querido diario:  Anoche tuve un sueño de lo más cachondo, donde estaba con una amiga. Delgadita, de ojos grandes y pestañas muy tupidas, piel blanca y cabello negro hasta la mitad de su espalda. Una chica dulce y divertida. Apenas habremos conversado, pero logró meterse en mi cabeza y colarse en mis sueños. Así trabaja el subconsciente, de formas inesperadas.

En mi sueño, ella se me acercaba y, sin decir nada, comenzaba a tocar mi abdomen y a besarme de una manera agresiva. Sus manos eran suaves, pero su boca era atrevida, me daba besos de esos que despiertan toda la lujuria del mundo. Entonces comenzó a desnudarme. Yo la veía a los ojos, el verdor en ellos había despertado y destellaba como una luz encendida.

Me aventó sobre la cama, cubierta sólo por una sábana y tomó un par de cuerdas negras del tocador. Me tomó de los tobillos y empujó hacia arriba hasta que mis rodillas tocaran mi pecho, entonces me exigió que agarrara mis pies con las manos y comenzó a atar mis muñecas a los tobillos. Sentía, en mi sueño, la fuerza de las ataduras, el rigor del nudo, mis rodillas flexionadas, mis muslos al aire.

Entonces ella se acomodó entre mis piernas, puso una mano en cada una de mis nalgas y las separó para abrir aún más mi sexo, entonces comenzó a lamerme. Su lengua paseaba por mis labios vaginales con perfecta armonía, como si supiera lo que me gusta (y, claro, lo sabía, era mi subconsciente el que me estaba poniendo esa cogida). Poco a poco sentí como si su lengua creciera y se metiera por entre los pliegues de mi sexo y me fornicara con ella. De pronto, sabía que ya no era una lengua y yo ya no estaba atada, sin embargo, ella me cogía con un dildo enorme que clavaba en mi sexo mientras me besaba los labios. Estaba disfrutándolo infinitamente, el orgasmo se cocinaba en mi vientre y estaba a punto de una explosión de placer, cuando sonó el despertador.

¡Carajo! Me desperté a regañadientes. Tenía asuntos personales que atender y ni tiempo había para acabar a mano lo que en el sueño no había concluido. Me choca dejar las cosas a medias, especialmente mis orgasmos. Me bañé, me arreglé y salí  al mundo a atender mis asuntos, deseando que pronto, muy pronto, llamara algún cliente que me sacara las ganas que mi sueño de había dejado.

A media mañana llamó Ignacio, un cliente norteño. Me gusta cuando me llama porque es muy amable y cariñoso, aunque lo que yo quería ahora era coger duro. Apenas llegué a su habitación, me le colgué a los labios. Un beso de lo más cachondo. Puse mis manos en su pecho y comencé a desnudarlo sin mediar palabras. 

—¡Cógeme!— Le dije, entre la exigencia y la súplica. Tomé su miembro y empecé a jalarlo, sintiéndolo crecer. Hice que se acostara boca arriba, le vestí el condón y me trepé en él, cuando el orgasmo llegó grité fuerte. Gozosa. Entonces abracé a Ignacio y le di un beso.

Hasta el martes, Lulú Petite

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