Su voz tan varonil me calentó al máximo

Su voz tan varonil me calentó al máximo
Me miró y, acercándose a mi oído, puso su mano en mi entrepierna y me susurró que me iba a coger riquísimo
Lulú Petite
12/10/2020 - 22:52

Querido diario: Me gustan los hombres con voces varoniles. De esas profundas que hacen vibrar los tímpanos, pero estremecen todo el cuerpo. Él tiene así la voz, entre tenor y general de cinco estrellas. 

Me miró y, acercándose a mi oído, puso su mano en mi entrepierna y me susurró que me iba a coger riquísimo.

No me gusta que me digan vulgaridades, pero él lo hacía de un modo tan seductor y natural que sentí un cosquilleo entrar por mis oídos, atravesar mi médula y humedecerme la entrepierna. Me dieron ganas de que me arrancara la ropa y me la metiera toda de inmediato.

Su mano se movió, acariciando mi sexo por encima de la falda y de la lencería. Gemí. Era un hombre alto, de labios gruesos, cejas pobladas y mirada salvaje. Me tomó la mano y la puso sobre su miembro, lo sentí bajo su pantalón, lo tenía durísimo.

Nos desnudamos. Se comía delicioso mis pezones. Estaba empapada cuando llevó su mano a mi sexo desnudo. Nuevamente, se acercó a mi oído y me narró, con esa voz de sótano, cómo me haría el amor. Estaba tan excitada que comencé a masturbarlo, rogando que me empalara.

Se puso el condón, mientras yo me acomodé de perrito, mirando al espejo de la cabecera. Él me miró con cierto morbo, apuntó su miembro duro y palpitante.

—¡Cógeme! —le exigí mirándolo a los ojos en el espejo.

Me la metió de un golpe y sin clemencia. Estaba tan caliente y lubricada que entró sin resistencia. Yo gemí y disfruté cada segundo, cada milímetro, cada movimiento, cada embestida. Cuando al fin nuestros orgasmos se encontraron, grité tan fuerte que probablemente me escucharon más allá de la habitación, del motel, de la ciudad, del planeta.

Hasta el jueves, Lulú Petite

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