Quería... ¡sentirlo!

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"La sensación de estar repleta me hizo estremecer, mi primer gemido salió más alto de lo que yo habría creído”
Lulú Petite
09/07/2019 - 05:18

Querido diario: Saúl me esperaba con música en su habitación. Es un buen cliente y siempre tiene música. La necesita como el oxígeno.  Cuando llegué sonaba algo parecido a un sax.

Aprovechando la música, entré meneando las caderas, casi bailando, me di la vuelta despacio, permitiéndole que clavara su mirada en mis curvas, estiró la mano para tocar y yo alcé ligeramente el culo, haciéndolo pasar como parte improvisada de mi coreografía.

Me enderecé de un salto y mis manos se pasearon por el nacimiento de mis pechos, bajé con esta misma caricia hacia mis costillas, trayendo mi ropa conmigo. 

Caminé hacia atrás, hasta que aterricé sentada sobre el bulto entre sus piernas. Me arqueé sobre su regazo ahora que sus manos habían cubierto mis pechos. Él se aseguró de clavarme contra su erección mientras sus dedos jugueteaban con mis pezones. Todo lo que quería era sentirlo ponerse cada vez más duro. Sin querer darle más largas, me zafé del agarre que él tenía sobre mis pezones para arrodillarme entre sus piernas abiertas, y cogí un condón.

Mis manos ya le habían bajado la cremallera del pantalón, y ahora su miembro resaltaba entre mis dedos cerrados en un puño. Deslicé el preservativo hasta la base. Impaciente, tracé un par de círculos de espesa saliva alrededor del glande, y de inmediato me metí aquella erección en la boca hasta la mitad. Era bastante gorda, y mis ojos llorosos subieron hasta los ojos de mi acompañante.

Él echó la cabeza hacia atrás, apenas ejerciendo presión con una mano en mi nuca. Mi vagina palpitaba de deseo cada vez que me penetraba la boca. 

Emocionada, me puse de pie al fin, y le di la espalda para sentarme sobre su regazo una vez más. Esta vez, me subí el vestido corto hasta la cintura, y él se encargó de bajarme la lencería de encaje hasta los muslos. Me la saqué con un rápido movimiento por los tobillos, y luego me dejé caer de lleno sobre el gordo de su erección.

¡Ah! La sensación de estar repleta me hizo estremecer, mi primer gemido salió más alto de lo que yo habría creído.

Me meneé de adelante hacia atrás con su pieza enterrada adentro de mí, su respiración jadeante mezclándose con la mía. Hacíamos una buena dupla. Saúl se adueñó de mis caderas para guiarme, yo le di un beso en los labios, comiéndome su boca mientras sentía su miembro estimularme.

La música seguía sonando, un solo de guitarra de lo más sensual marcaba el ritmo de mis movimientos, arriba de él con las tetas al aire, danzando una y otra vez, mientras su miembro se deslizaba adentro y fuera de mí. Esa fricción era la gloria, las notas de la música en el aire daban al ambiente un toque entre turbio y romántico. Al final, entre la música y mi orgasmo a gritos, terminé con la impresión de que todos los huéspedes se enteraron de lo duro que me vine.

Hasta el jueves,  Lulú Petite

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