No me pude negar a sentarme en su cara

No me pude negar a sentarme en su cara

(Foto: Archivo, El Gráfico)

Sexo 25/03/2021 13:27 Lulú Petite Actualizada 13:27
 

Querido diario: — Siéntate en mi cara, me dijo. Lo miré extrañada, dudando si había escuchado bien. Estábamos desnudos, en la cama del motel.

—Siéntate en mi cara, es mi fantasía. Me explicó, quizá, al ver el desconcierto en mi expresión. ¿Quién soy yo para negarle ese gusto a un bato que está pagando para que se lo cojan? Me paré sobre la cama, mirando al frente y, con cuidado, me senté en su cara.

Me preocupaba asegurarme de dejarle respirar, pues aunque quería cumplirle la fantasía, tampoco estaba en mis planes ponerlo morado de asfixia.

Él me recibió con la boca bien abierta. Supongo que no fui la primera en usar su cara como silla, porque sabía lo que hacía. Sus labios abiertos, como en un gemido interminable, provocaban una sacudida deliciosa en mi vulva, sus dientes vibraban estimulándome y su lengua ¡Caramba! No sabía que, desde esa perspectiva, la lengua pudiera lograr esos alcances. Se sentía delicioso.

Su miembro comenzaba a pararse, enorme, venoso y duro. Entonces él, sin decir nada (porque no podía, estaba literalmente amordazado por mi coño), se puso a golpearse el pene con fuerza, como indicándome que masturbara.

Entendí la instrucción, pero viendo también que lo suyo era algo un poco masoquista, antes de empuñar su miembro, le agarré las bolas y las apreté con fuerza, él tensó su cuerpo y gimió, su pene se puso aún más duro y una gota espesa de lubricación salió por el ojillo.

Lo empecé a masturbar bruscamente, mientras él me comía el sexo, de nuevo tensó el cuerpo; de pronto, arqueó la espalda y un chorro denso de esperma salió disparado casi llegando al blanco techo (sin albur) del motel.

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Hasta el martesLulú Petite

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