Me monté en él y lo cabalgué como caballo loco

Me monté en él y lo cabalgué como caballo loco
Tú sólo me alzabas y bajabas como si fuera una muñeca que usabas para masturbarte
Lulú Petite
17/11/2020 - 15:14

Querido diario: Me fui clavando tu sexo enorme poco a poco, a horcajadas. Mis piernitas temblaban, en un trance entre el dolor y el placer, mientras tu herramienta, dura, venosa y fabulosamente erecta se iba abriendo espacio entre los pliegues estrechos de mi sexo. 

Gemí cuando sentí que me partías para meterte en mí, con mis manos recargadas en tu pecho y nuestras miradas encontradas, vi en tu rostro una sonrisa morbosa.

Me apretaste las nalgas y arqueaste ligeramente el cuerpo para terminar de clavarme el último tramo de tu miembro que me faltaba para empalarme por completo. Resoplé un gemido casi mudo, doliente. Me desquité apretando fuerte los vellos de tu pecho, gemiste ahora tú. 

Con tus manos en la curva de mis nalgas comenzaste a marcarme el ritmo. Cabalgué en tu miembro. En cada galope, tu miembro crecía más. Puse mis manitas en tus brazos, también tupidos de vellos. Brazos duros que me cargaban con tanta facilidad, que me sentía hecha de trapo. Tú sólo me alzabas y bajabas como si fuera una muñeca que usabas para masturbarte. Eso sí, una muñeca que gemía, que disfrutaba, que pedía más. Me soltaste y, quedándome por un instante sin fuerzas, caí de rodillas, aún con tu herramienta clavada en las entrañas. Te miré y sonriendo, comencé a moverme.

Masajeabas mis pechos con tus manos varoniles. Yo seguía cabalgándote, nos mirábamos sin parpadear. Cuando cerraste los ojos y apretaste la cara, sentí cómo tu manguera se llenaba en mis entrañas y bombeaba a toda presión el chorro tibio de leche que llenó el condón. Suspiraste y terminaste con la sonrisa más dulce que le he visto a un caballito lujurioso.

Hasta el jueves, Lulú Petite

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