Me lo hace rico

Lulú Petite sexo sexualidad
"Las caderas ya se me meneaban solas de pura necesidad”
Lulú Petite
23/05/2019 - 05:18

Querido diario:  Con la espalda apoyada contra la cabecera de la cama, Fernando parecía determinado a no sacarme los ojos de encima. Yo, bastante conforme con esto, le 

sonreí desde mi posición arrodillada entre sus piernas, mientras mi mano derecha se encargaba de encajarle el preservativo a lo largo de su erección.

Tomé un respiro hondo, llenándome los pulmones con una emocionante anticipación, y por un momento rompí el contacto visual para fijar mi atención en lo que estaba a punto de llevarme a la boca.

Lo primero que hice fue mojarle la cabeza con la lengua, dibujándole un remolino espeso de saliva alrededor de la punta. Fui acogiéndolo entre mis labios un segundo más tarde, bajando poco a poco hasta el tronco de su erección, y él tuvo la amabilidad de recogerme las cortinas de pelo que se me desparramaban a cada lado de la cara.

Así, con uno de sus puños haciendo presión contra la parte de atrás de mi cabeza, lo oí soltar un jadeo al mismo tiempo que comencé a moverme al ritmo de una rápida mamada.

Me quedé prendida de su miembro, muy cerca de la base, lo demás lo tomé con la boca, lamiendo y succionando cada centímetro de esa estaca caliente al paso apretado de mi lengua.

Me calenté mucho mientras lo sentía palpitar contra la cara interna de mis mejillas, especialmente oyéndolo gemir cada vez que me lo metía hasta la garganta. Me puse tan cachonda, que ocupé la otra mano en el espacio tibio y húmedo que se me iba encendiendo entre las piernas.

Gemí con su carne adentro en lo que me topé con mi clítoris, y al tiempo que le chupaba el miembro con un entusiasmo creciente, yo iba frotando círculos contra ese botón hinchado de mi vulva. Las caderas ya se me meneaban solas de pura necesidad, porque el orgasmo ya me estaba poblando de espasmos el vientre.

Un pequeño, pero feroz latido se me había instalado entre los muslos cuando me liberé del agarré de mi compañero para incorporarme. Él me recibió con la misma urgencia risueña que tenía yo, y me ayudó a tomar mi puesto arriba suyo después de apropiarse de mi cintura con esas manos grandotas que él tenía.

Si había pensado antes que mi entrada estaba ya prendida en fuego, no hubo punto de comparación con el calor que se encendió en lo que su sexo dio con el mío.

¡Ah!, me arqueé con una exclamación de puro placer, si todo mi cuerpo vibraba con la electricidad que me recorrió la piel apenas lo tuve adentro. Me dejé caer hasta que estuve completamente sentada sobre la pelvis de mi compañero, y su respiración agitada me aterrizó sobre las tetas cuando se inclinó hacia adelante para adueñarse de uno de mis pezones.

Suspirando, cerré los ojos un momento, ida con esa divina sensación de tener el grueso de su tronco enterrado en mi centro, mientras su lengua rápida me arropaba la areola derecha. Me mordí el labio inferior al tiempo que dejaba escapar un gemido, y una de mis manos se paseó distraídamente por la mata de pelo de mi acompañante.

Me quedé en su nuca con un puño, gimoteando ahora por lo bien que se estaba chupando mis tetas, y casi desesperada me concentré en encontrar una posición arriba de él, que me permitiera comenzar a cabalgarlo.  Mi acompañante se inclinó hacia adelante mientras yo me apoyaba en la cama, lista para empezar a menear las caderas con soltura encima de él. La fiebre del primer orgasmo ya me erizaba la piel deliciosamente. Fernando es un buen tipo. “Me gusta como coge”, pensé, justo antes de que mi cuerpo se perdiera en el éxtasis.

Hasta el martes,  Lulú Petite

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